12 años después las preguntas siguen siendo las mismas: ¿quiénes se los llevaron?, ¿por qué?, y ¿dónde están?
La destrucción de lo común en el signo de estos tiempos oscuros. Durante las fiestas de la Independencia estuve en mi pueblo, Cuexcomatitlán, municipio de Tlajomulco. Llegué por el Circuito Sur que va de la cabecera municipal hacia San Miguel Cuyutlán y regresé a Guadalajara por el mismo circuito, pasando por Cajititlán, para al final entroncar con la carretera a Chapala. En ese transecto pude constatar que, como parte de la destrucción, hay cerros que están siendo devastados.
Múltiples veces he hecho este recorrido y cada vez es más evidente que los cerros de la Cruz y del Sacramento, están siendo sometidos a procesos extractivos e invadidos por el monocultivo de agave, abatiendo la biodiversidad. La industria extractiva de piedra y otros materiales para la construcción, la urbanización, la construcción y ampliación de vialidades han devastado notablemente y modificado para siempre el paisaje original.
Se dijo que estos procesos destructivos tenían la intención de aliviar problemas del Área Metropolitana de Guadalajara. No lo lograron, pero sí alteraron radicalmente la vida cotidiana de los pueblos de la laguna de Cajititlán. Es un proceso de despojo complejo que lleva décadas y que ha incluido, entre muchas otras, por ejemplo, la ampliación de caminos y carreteras del actual Circuito Sur Metropolitano, la apertura del macrolibramiento que dividió y dañó para siempre al Cerro Viejo y, desde luego, la construcción de múltiples fraccionamientos y la contaminación de la laguna de Cajititlán.
Ahora el intenso ruido de los motores con escape abierto de vehículos de todo tipo y los continuos accidentes viales fatales, son la nueva circunstancia que nunca pidieron los habitantes de estos pueblos y menos los habitantes no humanos que aún viven en esos rumbos.
A estos últimos, estas vialidades les cortaron sus rutas para bajar, sin peligro, desde lo alto del Cerro Viejo a hidratarse a la laguna de Cajititlán. Ahora tienen que esquivar a los vehículos que circulan a mediana o alta velocidad. Muchas veces no lo logran, pero cuando los eluden se encuentran con una laguna contaminada.
Como se sabe, los cerros se han formado durante cientos o miles de años y son el hábitat de una diversidad de flora y fauna. Ahora están siendo avasallados por el interés particular de algunas empresas que, cuando agoten los materiales, abandonarán el sitio dejando abiertas las entrañas de estas tierras históricas. El INAH debería estar atento porque es sabido que en los alrededores del Cerro del Sacramento se han encontrado vestigios arqueológicos.
Y, por cierto, el pueblo de Cuexcomatitlán, en su parte sur, por la calle Juárez, donde aún es de terracería, desde el kínder y el dispensario médico hasta el rancho de Salvador Zamora, ex presidente municipal de Tlajomulco, oriundo de este pueblo, y ahora secretario general de gobierno de Jalisco, carece de drenaje y durante los temporales de lluvia suele inundarse. Es una zona significativamente urbanizada. De menos en las tres o cuatro administraciones municipales anteriores se han escuchado versiones de atender estas necesidades, pero no se ha hecho.
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