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Mentirosos y represores

Ya están libres, ahora que les retiren los cargos

 

En Guadalajara, por exigir que llegue agua limpia a casa, como si fuera delito, se reprime brutalmente, cuando el crimen es que el Siapa, con autorización de Lemus, distribuya en toda la ciudad agua contaminada.

La mentira y la negación eran las señas de identidad de Lemus y su gobierno. Después del domingo 11 de octubre, también lo es la represión y la tortura. Días antes, en el ITESO, cuando estudiantes lo increparon por este hecho, se comprometió a que no habría represión.

Mentía nuevamente, igual que lo han hecho las presidentas y presidentes municipales y el Siapa en torno al agua y sus proyectos que esconden grandes negocios con la construcción de acueducto sustituto.

Los ingenieros del Siapa y los “expertos” en análisis del agua queman sus neuronas para encontrar el hilo negro. En tanto, la gente común y rebelde, durante la marcha, expresaron algunas opiniones. Así, en una pequeña manta, firmada por habitantes de Las Pintas, que algo saben al respecto, se leía: “Si el agua del río Santiago, río Zula, laguna de Chapala y humedal de Las Pintas se limpiaran, habría agua limpia para todos”.

No soy de los creen que hay un problema de escasez de agua. Lo que tenemos es una pésima y clasista distribución, pero buenísima para quienes han hecho del agua uno de sus mejores negocios sin importarles, como vemos, poner en riesgo la salud de todos los habitantes de esta conurbación. Por eso creo que mucho ayudaría si, además, se aprovechara el agua de lluvia y se normara su uso a las embotelladoras de refrescos, a la minería, a las industrias y termoeléctricas, a los campos de golf, a las albercas privadas, etc.

Ya es un clásico que culpen a “grupos de encapuchados”. Ese espantajo que se ha creado para reventar y deslegitimar las manifestaciones de protesta. Ni uno solo de los supuestos 400 cientos fue detenido. Pero era buen pretexto para no aceptar que las causas de la indignación social es el agua puerca y contaminada y su negligencia.

Les había funcionado para reventar las protestas. La venían perfeccionando desde el 28 de mayo de 2004 y el 4, 5 y 6 de junio del 2020. Pero en este caso les falló. Circularon profusamente las imágenes grotescas de policías reían divertidos cuando, en bola, golpeaban con furia a manifestantes que solo decían, de frente, sus verdades. Ese domingo Casa Jalisco fue convertida en centro ilegal de reclusión y tortura.

Nada ha cambiado en décadas. Los gobernantes reaccionan igual cuando se les cuestiona los negocios que hacen con las necesidades sociales. Y cuando se expresa la indignación y la rebeldía no dudan en hacer uso de la fuerza pública. En todos se han enquistado como principios el dinero y el poder.

Lemus, con cara compungida, dice dar la cara, pero ¿por qué no salió a darla en el momento necesario? Fueron más de tres horas de abusos policiales, suficiente para enterarse y detener todo. Nunca lo hizo ni él ni nadie. Solo golpearon. Lo que sigan diciendo sale sobrando.

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jl/I

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