Además de la superadísima visión de los ingenieros y gobernantes “tubito”, como los definió Iván Restrepo, ¿existen otras maneras de solucionar la crisis del agua?
Claro, y estas no pasan por hacer grandes negocios, privatizar el Siapa, el agua y menos considera al agua como mercancía barata. Una de estas opciones sería regresar al ciclo natural del agua. Lo que en palabras del edafólogo Arturo Curiel Ballesteros significa que donde caiga el agua de lluvia ahí se quede. Pero ahora, debido a que las ciudades están invadidas por automóviles, las calles contienen micropartículas que se desprenden de las llantas y, además, suspendidas en el aire se encuentran las que producen los motores de gasolina y diésel.
Aun así, sigue siendo mejor opción para que el agua que cae del cielo como un regalo de las deidades no se pierda. Para hacerlo posible, por ejemplo, de menos un kilómetro alrededor del todos los bosques deberían ser desurbanizados para permitir que los escurrimientos que bajan de ellos se infiltren y alimenten los mantos freáticos. Así mismo, todas las viviendas deberían tener un pozo de absorción para que el agua de lluvia que cae en las azoteas vaya al subsuelo y no al drenaje como sucede. Por su parte, la CFE, la Conagua y los gobiernos podrían hacer los mismo para subsidiar, o de menos, facilitar su instalación.
No hay mejores plantas potabilizadoras que las capas de tierra por las que tendría que pasar el agua de lluvia hasta llegar al manto freático. No es difícil imaginar la cantidad de metros cúbicos de agua que con estas medidas se recuperarían. Y podría ser mucha más si se norman en serio los usos del agua que hacen refresqueras, cerveceras, tequileras, etcétera. Hasta podría ser innecesario extraer tanta agua del lago de Chapala.
En los proyectos ejecutivos de los acueductos se prevén problemas como confirmar la disposición del espacio para colocar la tubería, habilitar accesos, zonas de maniobras, espacios para la circulación de maquinaria, autorización de particulares, etc. Esto último me hace recordar que, del acueducto en funciones, años después de haberse instalado, ejidatarios reclamaban el pago por las hectáreas despojadas. Mi tío Cesáreo Regalado Ayala, ejidatario de Cuexcomatitlán, falleció sin recibir pago alguno.
Por supuesto ni una palabra se dice de limpiar las aguas del lago de Chapala y de las otras fuentes de abastecimiento. Tampoco de reparar las fracturas de la red urbana de distribución del agua y menos las que existen en cada casa por las que se pierde, de menos, el 60 por ciento, de toda el agua que llega del lago de Chapala.
Solo piensan en romper la tierra o aplanarla, secar manantiales, poner pilotes, para hacer zanjas de muchos kilómetros de largo, tres metros de profundidad y tres y medio metros de ancho para colocar una base de concreto para sentar la tubería. Desde su visión, toda esta destrucción del territorio se vale para satisfacer la sed y el desperdicio de agua que se hace en la ciudad.
¿En dónde está en estos proyectos, lo que ellos llaman sustentabilidad o responsabilidad social o ecológica? No existe.
jl/I









