loader

Adiós al barrio. Cada 22 de abril

Esperando mejore la salud de la señora Lilia Ruiz Chávez

 

El martes 25 de agosto se estrenó la obra de teatro ‘Adiós al barrio. Cada 22 de abril de 1992’. Dicha obra fue montada y escenificada por la Compañía de Teatro Jurídico dirigida por Sergio Quiñones e integrado por lo menos por 20 jóvenes actores, todos estudiantes del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la UdeG. No tenía noticia de esta compañía hasta que este año su director me localizó para solicitarme un ejemplar del libro ‘Aquella mañana nos despertamos sin saber que ya estábamos muertos’, obra que, en el año 2002, diez años después de las explosiones del 22 de abril de 1992, nos publicó el CUCSH/UdeG, a Leticia Carrasco Gutiérrez (†), a Hugo Velázquez Villa y mí. En aquel entonces los tres éramos profesores-investigadores en el Departamento de Estudios sobre Movimientos Sociales (Desmos).

Se trata de un texto que contiene 75 testimonios escritos, de puño y letra, por mujeres y hombres sobrevivientes y organizados en la asociación Abril en Guadalajara, coordinada por la señora Lilia Ruiz Chávez. En sus letras puede leerse que, a pesar de los años transcurridos, mantenían muy frescos sus recuerdos, pero también sus angustias.

Al escuchar y ver la excelente dramatización de los testimonios lloré por lo menos en tres ocasiones. La fuerza de la actuación hizo que volviera sentirme damnificado, lesionado, afectado e indignado por la negligencia criminal gubernamental tanto del ex gobernador Guillermo Cosí Vidaurri, el ex presidente municipal de Guadalajara Enrique Dau Flores y de la paraestatal Pemex.

Me sorprendió, agradablemente, saber que en la División de Estudios Jurídicos exista una Compañía de Teatro y que además escenifique hechos sociopolíticos carentes de justicia y verdad. Más allá de disponer de la sala de teatro, me gustó que la compañía sea como tipo autónoma, por lo cual, para montar sus obras todo corre por su cuenta.

El dramaturgo y paisano Vicente Leñero en un escrito publicado en 2019 dijo que “nuestro teatro sólo podrá ser verdaderamente nuestro cuando responda a la necesidad de ver lo que somos desde el trazo primero de un escrito sobre la realidad y la imaginación… (haciendo uso de) un lenguaje en el qué y en el cómo hable de nosotros sin complejos… (y refleje) el presente de la historia y el presente del propio presente.

Coincidentemente, hace pocos días en el semillero zapatista Las Artes Bajo Acoso, otro dramaturgo, Luis de Tavira, y la actriz Marina de Tavira, tío y sobrina, afirmaron que “el teatro no cambia la realidad, al menos no de manera inmediata, (tampoco) cambia el precio del pan. Y, sin embargo, el mundo no puede entenderse sin él. Que anuncia lo que sucede. Que uno de sus objetivos es revelar las verdades ocultas. Que es una trinchera contra lo intolerable y antídoto contra lo insoportable. Que su función es hurgar en las heridas”.

Celebro que mucho de esto es lo que hace esta compañía, porque como ha dicho Javier Aranda, con su teatro sigue hurgando la herida, y “al seguir nombrando el desastre lo hacen memorable”.

[email protected]

jl/I

Te recomendamos

Artículos de interés

Para crisis forense, 41 genetistas

Para crisis forense, 41 genetistas

4 de Septiembre de 2026
Frenan pensión para personas con discapacidad
Van contra evasión en obligaciones vehiculares
OCULTAR