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Legitimidad o ley de la selva

El pueblo no debería temer a los gobernantes, los gobernantes deberían temer al pueblo

Alan Moore, ‘V de Venganza’

 

El Congreso de Jalisco violó recientemente la ley durante el proceso para designar a la nueva titular del Instituto de Transparencia (Itei); volvió a hacerlo casi al mismo tiempo al nombrar presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDHJ) a una persona que por ley no era elegible. 

Inmediatamente después fue asesinada Luz Raquel Padilla, una mujer que había denunciado en varias ocasiones, de manera formal y a través de las redes sociales, que estaba siendo amenazada de muerte, al parecer con motivo de un odio irracional a ella y a su hijo con trastorno del espectro autista, y el primer acto público de la Fiscalía de Jalisco al respecto fue ofrecer una rueda de prensa cuya intención más que evidente fue sembrar entre el público la idea de que tal vez Luz Raquel se suicidó, violando al mismo tiempo la ley y el debido proceso. 

Por otro lado, la Zona Metropolitana de Monterrey se quedó sin agua suficiente para abastecer a su población, y aunque en el Área Metropolitana de Guadalajara ese escenario se ve cada vez más cerca, nuestras autoridades violan la ley al permitir que se invadan las áreas boscosas en los alrededores de la ciudad, pese a que está claro que eso contribuye a disminuir rápidamente nuestras reservas de agua. 

En vista de esos y varios otros ejemplos, parecería que nuestras autoridades están tratando de medir de qué tamaño es nuestra capacidad de asombro ante su manera de actuar, porque saben que las leyes están hechas de tal manera que es muy difícil que reciban una sanción. 

Además, lo que ofende es el hecho de que traten de convencernos de que eso que están haciendo es lo correcto, y que no tenemos motivos para molestarnos, sino que, de hecho, deberíamos respaldar su actuación. Y esto, que parecería una muestra de cinismo o de soberbia, derivada de la certeza de saberse impunes, podría ser, más bien, una señal del miedo que tienen a la población. 

Habrá quien se pregunte por qué habrían de tener miedo quienes tienen la sartén por el mango, y es una duda genuina que se explica con el concepto de legitimidad. Es decir, en cualquier régimen de gobierno, aún en el más autoritario, hay un acuerdo sobrentendido entre la población y las autoridades que implica que estas últimas ejercerán el poder mientras la población reciba a cambio lo que considera más importante en ese momento, sea seguridad, libertad, equidad, etc. 

Pero si el gobierno abusa de su poder, deja de cumplir con su encargo o cambian las necesidades de la población, entonces empieza a hacerse claro que la alternativa es hacer que las autoridades actúen de manera distinta, cambiar de autoridades o, en casos extremos, cambiar de régimen. Ninguno de esos escenarios es deseable para quienes ejercen el gobierno, y ante el miedo de que se presenten, cuando saben que no tienen resultados que ofrecernos, tratan de convencernos de que todo está bien, de que es nuestra percepción la que está equivocada. 

La manipulación discursiva sirve para ganar tiempo y sostener la legitimidad un poco más, pero si no se utiliza al mismo tiempo que se trabaja en programas que permitan ofrecerle a la población lo que demanda, a larga resultará contraproducente, porque acelera la erosión de la legitimidad y nos conduce a la ley de la selva, a la supervivencia del más fuerte. Pero con esa ley todas las personas perdemos, porque ninguna es tan fuerte como para no necesitar de las demás. Así que conviene a nuestras autoridades adaptarse y empezar a dar resultados. 

protagoras_xxi@yahoo.com.mx

Twitter: @albayardo

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