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Bruno y el universo

La fórmula de Nicolás de Cusa vuelve a tomar relevancia, salvo que Bruno no se limita a explicar la relatividad de universo respecto del Absoluto, sino que trata de relativizar el movimiento de los orbes, así como de sus relaciones entre sí.

 Luis Felipe Jiménez, Giordano Bruno y el pensamiento renacentista, Téxere Editores, Zacatecas (2010), p. 67

 

Nacido en la entonces pequeña villa de Nola, situada al pie del Vesubio, en febrero de 1548, apenas cinco años después de que saliera de la imprenta el libro con el cual inicia la ciencia moderna, el De revolvtionibvs orbium cæleſtium, Libri VI (Sobre las revoluciones de los orbes celestes, Seis Libros) de Copérnico, recibió el nombre de Filippo Bruno y en 1565 entra como novicio en la Orden de Predicadores (Santo Domingo) y toma el nombre de quien fuera su profesor de metafísica, Giordano. Profesa el 16 de junio del siguiente año en ese mismo convento napolitano y en 1567 se hace sospechoso de sostener opiniones heréticas.

Sin embargo, logra mantenerse dentro de la orden y en 1572 es ordenado sacerdote, en julio de 1575 supera los exámenes de doctorado en teología y, según consigna uno de sus biógrafos, en dicho año se le instruye un nuevo proceso “por haber vertido opiniones -muy peligrosas- sobre el dogma de la Trinidad” (Biblioteca Filosófica Giordano Bruno (1548-1600), Antonio Castro Cuadra, Madrid 1997, p. 8). En febrero de 1576 huye del convento y se traslada a Roma, ciudad en esos momentos envuelta en disturbios en los que se involucra Bruno y le llevan a dejar los hábitos e iniciar su itinerancia, manteniéndose como profesor de gramática y astronomía.

Luego de un periplo por varias ciudades italianas, Padua entre ellas, donde por cierto retoma los hábitos, llega a Lyon y de ahí a París, donde se gana el favor del rey Enrique III. Para 1583 se traslada a Londres como huésped del embajador francés y dicha estancia será muy productiva, pues entre las obras que da a luz están La cena de le ceneri (La cena de las cenizas) y De l'infinito, universo et mondi (Del infinito, universo y mundo), ambos publicados en 1584; el primer título surgió a partir de una invitación de Fulke Greville, escudero real, a Bruno para “presentar y discutir su versión de Copérnico”, dice Miguel Ángel Granada en el estudio introductorio a la edición moderna de dichas obras (Gredos, Madrid 2014). La reunión se celebró en la tarde del miércoles de ceniza y en ella Bruno enfrentó a dos doctores de Oxford que defendían la cosmología aristotélico-ptolemaica de la Tierra central e inmóvil.

La erudita británica Dama Frances Amelia Yates escribe: “Es asombrosa la increíble osadía con que Bruno consigue hacer circular obras tan exasperantemente provocativas como la Cena de le ceneri contra los doctores oxonienses (Copérnico, de haber estado vivo, es casi seguro que hubiera adquirido y destruido todos los ejemplares de la Cena)” (Giordano Bruno y la tradición hermética, Ariel 1983, p. 343). Y en cenizas acabó el nolano el 17 de febrero de 1600.

X: @durrutydealba

 

jl/I

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