Cuando las mujeres marcan un antes y un después en la historia, no es casualidad: es el resultado de una lucha no sólo de las que reconocemos, sino de muchas más que lo intentaron antes que ellas.
La semana pasada, la FIFA confirmó la lista de los 52 árbitros titulares que participarán en el Mundial de Futbol 2026 y, por primera vez en 23 ediciones del encuentro internacional, una mujer mexicana dirigirá al menos uno de los 104 partidos programados: Katia Itzel García, egresada de Ciencias Políticas en la UNAM, fue seleccionada como árbitra central.
No fue cuota de género; harían falta muchas más en la justa deportiva, pues junto a la estadounidense Tori Penso sólo dos mujeres estarán al centro de la cancha, demostrando que tienen la misma capacidad que sus pares masculinos. En el torneo, la también mexicana Sandra Ramírez intervendrá como árbitra asistente.
Al ver el momento dorado que vive Katia es imposible no pensar en cómo comenzó la historia de las mujeres en el arbitraje mexicano de Primera División, cuando la jalisciense Vicky Tovar se convirtió en la primera árbitra y tuvo que romper esquemas y lidiar con el machismo en el futbol en 2004. Allanar el camino para las deportistas que ahora son silbantes con naturalidad en la élite del futbol, en mundiales femeniles o copas internacionales no fue sencillo; a Tovar le costó mucho plantarse en un terreno que no la recibió con los brazos abiertos.
Ahora retirada del arbitraje profesional, todavía recuerda cuando, al final del partido entre Irapuato y América en febrero de 2004, Cuauhtémoc Blanco, furioso por haber perdido el encuentro 2-1, se dirigió a reclamarle y la mandó a “lavar los platos”: machismo sin filtros y sin sanciones. Y ese fue uno de los episodios conocidos porque estuvo rodeada de prensa; hay muchos más que tuvo que soportar en sus años de carrera antes de retirarse en 2008 por falta de apoyo de sus líderes. Seguramente la historia de Katia es diferente.
Es curioso: si un hombre desestima a una mujer, el acto escapa al análisis, pero una mujer que desestima a un hombre se convierte en subversiva. Hace unos días, la mexicana Karen Díaz, quien participó como árbitra asistente en Qatar 2022, fue tema de conversación cuando rechazó la mano del director técnico Nicolás Larcamón al final del encuentro entre Mazatlán y Cruz Azul. El entrenador argentino no dejó de desacreditar el arbitraje durante los 90 minutos del partido, por lo que se ganó un cartón amarillo al minuto 69; pero al final –y aún entre reclamos– se dirigió al centro de la cancha y extendió la mano a las silbantes como si no significara nada.
La renuencia de Karen dividió opiniones entre una actitud antideportiva y un límite necesario frente a quien no respeta a la autoridad. Karen, sin ser árbitra central, dejó clara la tolerancia cero a las agresiones y demostró por qué tiene nivel mundialista.
De Vicky a Katia han pasado dos décadas de mujeres luchando por demostrar que pueden dirigir un territorio dominado por hombres. Estas amazonas son ejemplo de que, cuando el machismo les cierra las puertas, su valor y tenacidad pueden derribarlas sin violencia.
jl/I









