Si respondemos a esta pregunta en un sentido místico, probablemente pensemos en Dios; si pensamos en una pareja, pensaremos en el corazón; en términos sexuales puede haber otra respuesta, pero en términos económicos podríamos responder… en la cartera. Los quereres o no quereres de quienes deciden el uso de los recursos se expresan en la decisión de a qué y quién le dedican esos recursos. En esa decisión hay una premisa ineludible: saber cuánto dinero hay. Si la cartera está vacía, por mucho amor que haya, no habrá recursos que repartir.
Como país, los amores y desamores no están en las dulces o amargas palabras que escuchemos en discursos, sino en las decisiones gubernamentales para obtener y utilizar recursos y dinero. Por eso, el documento económico más importante de cada año no es el informe, el Grito, alguna mañanera o los deseos navideños, sino el que cada septiembre presentan la Presidencia y la Secretaría de Hacienda al Congreso de la Unión: el Paquete Económico. No suena muy romántico, pero es la carta de amor y desamor del gobierno a los diversos sectores del país. ¿De qué se trata?
Esencialmente son tres documentos: El primero, Criterios Generales de Política Económica, es la interpretación oficial de la situación del mundo en el año en curso y las previsiones para el siguiente, especialmente de los Estados Unidos; luego se interpreta sobre nuestra situación nacional y posteriormente las finanzas públicas. Al final, el gobierno efectúa sus previsiones sobre cómo nos va irá al cierre del año en curso, en el año siguiente y para los seis subsiguientes. El gobierno nos dice que para este año y el que entra seguiremos “nadando de a muertito”, con bajo crecimiento real (poco más de 1 por ciento este año y entre 1 y 2 por ciento el 2027), un ínfimo incremento de los ingresos y gastos públicos, pero con baja inflación (3.5 por ciento este año y 3 el próximo), sin crisis ni recesión y con un mantenimiento del “superpeso” (18 por dólar en el 2027).
El segundo documento es la Iniciativa de Ley de Ingresos. Se espera contar con 10.6 billones de pesos (millones de millones de pesos). Aunque suene mucho, es muy bajo para el tamaño de la economía de México. Supone un crecimiento real incluso inferior al del PIB.
El tercer documento es el Proyecto de Presupuesto de Egresos, es decir, a dónde se irá el dinero. Los aumentos más llamativos van a transferencias sociales especialmente Pensión a las mujeres mayores de 60 años, al campo, a la salud y a la beca universal de educación. De igual modo aumentan los gastos para sostener las pensiones y el pago de deuda. El problema es que tales aumentos tendrán que implicar reducciones en otros rubros, de la austeridad republicana a la pobreza franciscana, y gran parte de las inversiones se efectuarán mediante concesiones a corporativos privados.
El problema no es que “esté mal” dirigir recursos en favor de las mujeres, el campo, la salud o la educación, sino en la negativa para captar más recursos de quienes financieramente son los dueños de este país. Por mucho amor que se muestre en favor de grupos que lo merecen, se requieren capacidades financieras que no se están mejorando, pues quienes cuentan con los grandes recursos también tienen el poder para no contribuir suficientemente a sufragar las necesidades nacionales.
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