México envejece. Los datos recientes de la Encuesta Intercensal 2025 del Inegi confirman una tendencia inevitable: la base de nuestra pirámide poblacional se está estrechando de forma acelerada, mientras que las cúspides correspondientes a los rangos de edad avanzada comienzan a ensancharse de manera muy sostenida.
La edad mediana en el país ha transitado de los 29 años registrados en 2020, a los 31 años estimados para 2025, según demuestra la encuesta Inegi.
La Tasa Global de Fecundidad descendió de 1.9 hijas e hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024. Chiapas presentó la tasa más alta, con 1.8, mientras que Ciudad de México registró la más baja, con 0.8.
Este desplazamiento estadístico no es ciencia ficción ni curiosidad demográfica; es la configuración de una transformación estructural profunda en la población mexicana, que exige al gobierno y a la sociedad una reingeniería integral y urgente de las instituciones y del Estado mexicano.
El cambio en la composición de las edades presenta una serie de dinámicas cruzadas que presentan ventajas potenciales, riesgos inminentes y desventajas que obligan a reflexionar y a abandonar la improvisación social y gubernamental de las políticas públicas.
Los especialistas señalan, por una parte, que la principal ventaja radica en la capitalización remanente, es decir, aprovechar el último impulso del bono demográfico o abundancia de trabajadores jóvenes, en ciertos sectores laborales tradicionales o maduros; sumados a la vasta experiencia, capacidad de cohesión social y transmisión de saberes que posee la población adulta mayor dentro del tejido social.
De esta manera, un sector envejecido, pero con servicios de salud e integrado puede continuar aportando activamente a la economía formal y al desarrollo.
Sin embargo, el riesgo prioritario que ya se percibe es el colapso financiero y operativo de los sistemas de seguridad social, de pensiones, y de nuestro sistema de salud pública.
Si las infraestructuras actuales del sector salud ya muestran signos de saturación, el incremento porcentual de este sector poblacional proyecta un escenario de desatención crítica si no se actúa de inmediato.
Frente a esta realidad, las instituciones tienen la obligación de anticiparse mediante políticas públicas transversales con un enfoque estrictamente técnico y de derechos humanos.
Ya no basta con la implementación de transferencias monetarias directas a la gente, o programas asistenciales de corte coyuntural. Si bien los apoyos económicos mitigan la pobreza inmediata, son insuficientes para resolver las necesidades estructurales de cuidado integral, salud especializada y accesibilidad universal.
El sector salud requiere una reestructuración de fondo. Ya no se puede retardar el cambio de un modelo enfocado en la atención materno-infantil o juvenil, hacia uno centrado en la medicina preventiva, la geriatría y la gerontología.
El país presenta un déficit severo de especialistas médicos en la atención de la vejez, así como de unidades clínicas adaptadas a sus necesidades específicas.
El cuidado de los adultos mayores ha recaído históricamente en las familias, especialmente en las mujeres, lo que ha perpetuado desigualdad de género y empobrecimiento económico; por lo que se necesita legislar y estructurar un Sistema Nacional de Cuidados profesionalizado.
Las instituciones de salud deben aumentar significativamente las estancias de día, es decir, centros de atención diurna donde las personas adultas mayores reciban cuidados, compañía y terapias durante el día, y regresen a sus hogares por la noche.
Los especialistas señalan que la planeación del desarrollo urbano y del transporte público exigen adaptaciones radicales. Las ciudades de México con más de 100 mil habitantes deberían rediseñarse bajo criterios de movilidad y accesibilidad universal, para garantizar la autonomía de las personas mayores en el espacio público.
El envejecimiento poblacional reflejado por el Inegi es un proceso biológico y demográfico irreversible. Que esta realidad se traduzca en una etapa de plenitud y desarrollo social o en una crisis humanitaria de desatención dependerá de la velocidad y seriedad con la que las instituciones asuman su responsabilidad el día de hoy. Tic-tac, el tiempo corre.
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