Hay algo profundo en las agresiones o presiones intensas contra periodistas; la relación psicológica que el poder establece con quien lo cuestiona.
El poder tiene una tentación permanente, el confundir autoridad con control. Cuando esto ocurre, la crítica deja de entenderse como una parte necesaria de la democracia y comienza a percibirse como una ofensa personal, una deslealtad o una amenaza.
El periodista deja de ser visto como un profesional que cumple una función social y empieza a ser etiquetado como “enemigo”, “adversario”, “incómodo” o “desestabilizador”. Una pregunta crítica se interpreta como ataque; la investigación, como conspiración; la denuncia, como provocación.
Cuando esa percepción se instala en las estructuras del poder, aparecen distintas formas de presión: descalificaciones públicas, campañas de desprestigio, amenazas, restricciones al acceso a la información, demandas o procedimientos judiciales.
Artículo 19 documentó en Jalisco seis casos de acoso judicial contra periodistas y medios durante los primeros siete meses de 2025.
También existe el fenómeno contrario, el de convertir la crítica al poder en una identidad permanente. Un periodista puede terminar creyendo que su función consiste siempre en atacar, denunciar o confrontar. Y entonces también pierde algo esencial: la capacidad de reconocer cuando una autoridad hace algo correcto.
La independencia periodística no significa estar siempre contra el gobierno. Significa no estar subordinado a él.
El principal desafío psicológico del periodista es conservar su libertad interior. Poder escuchar al funcionario sin convertirse en su vocero. Poder cuestionarlo sin convertirse en su enemigo. Poder reconocer un acierto sin perder capacidad crítica. Y, sobre todo, poder publicar una información incómoda sin preguntarse primero quién se va a molestar.
Sin embargo, existe una realidad silenciosa: la autocensura. Muchos temas críticos dejan de narrarse, de investigarse; reina el silencio en radio, televisión y prensa sobre algunas realidades.
No hace falta cerrar un periódico ni sacar del aire un programa. Basta con conseguir que un periodista piense dos veces antes de publicar una investigación, mencionar a un funcionario o formular una pregunta incómoda.
Ese es quizá el triunfo más sofisticado del poder sobre la prensa: conseguir que el periodista se limite a sí mismo.
La democracia necesita una relación incómoda entre prensa y poder. El periodista pregunta porque el gobernante debe responder; el gobernante responde porque administra algo que pertenece a la sociedad.
Cuando el poder exige aplausos en lugar de preguntas, la comunicación institucional comienza a sustituir a la información. Cuando un gobierno solamente quiere periodistas complacientes, el problema ya no está en los periodistas. Está en la manera en que el poder se mira a sí mismo.
Tienen mucho sentido las palabras del cardenal José Francisco Robles Ortega en la entrega de los Premio Católico al Comunicador 2026, en la Sala de Cabildo de la Catedral: “Como sociedad tenemos que levantar la voz para que esta profesión sea reconocida, pero sobre todo respetada, respetada y con las garantías de que se ejerza con esa libertad, con esa responsabilidad, cumpliendo con el derecho que tiene la sociedad de ser informada”.
El premio es un reconocimiento eclesial en homenaje a profesionales de la comunicación destacados en su servicio y entrega a la sociedad.
Este 2026, los galardonados reconocen destacadas trayectorias del periodismo y la comunicación en Jalisco:
Celina Rodríguez Vélez, periodista y comunicadora, ha recibido importantes reconocimientos internacionales por su labor social y educativa. Gloria Feria Acquart, especialista en comunicación institucional e información estadística, destacó durante décadas en el Inegi. Ignacio Pérez Vega cuenta con casi 40 años de experiencia en prensa, radio y televisión, con especialización en temas sociales y urbanos. Antonio Arteaga García, fundador de Voz del Norte, ha dedicado 27 años a informar sobre la Región Norte de Jalisco y Alfredo Arnold Morales con una larga trayectoria de ética, perseverancia y compromiso con el periodismo. ¡Felicidades por este reconocimiento!
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