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García Luna y sus intereses energéticos

Antes de que los agentes estadounidenses detuvieran a Genaro García Luna al norte de la ciudad de Dallas, Texas, el ex funcionario mexicano había llegado para quedarse a vivir. 

Tenía dos o tres semanas de haber volado desde Miami y buscaba cerrar negocios de seguridad e inteligencia con empresas de gas, energía, hidrocarburos y telecomunicaciones con intereses en Estados Unidos y México. 

García Luna alcanzó a reunirse con Albert Zapanta*, un empresario del sector energético, experto en fracking. Fundador de Paz Energy y encargado de llevar las negociaciones para que la petrolera Marathon entrara a México con las gasolineras ARCO, de las que ahora existen más de 130 en Sonora, Baja California, Baja California Sur, Sinaloa y Chihuahua. 

Zapanta es el presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos y México, que tiene 2 mil empresas afiliadas y 17 oficinas regionales en ambos países. Además, es concejal de Irving, una pujante ciudad del metroplex de Dallas, con la cuarta parte de la población hispana (24 por ciento). 

En una llamada telefónica, Zapanta me confirmó la reunión que tuvo con García Luna en las oficinas de la cámara en diciembre pasado, su estancia en Irving y la intención de quedarse en esta localidad de manera permanente. “Nos vimos antes de Navidad. Pasó por la cámara y nos visitó”, dice el empresario, también veterano de la Guerra en Vietnam y allegado al presidente Donald Trump. No sabía la dirección en Irving del ex secretario de Seguridad Pública, eso dijo. 

Pero el vecino del condominio exclusivo Fox Glen, que pidió no ser nombrado, asegura que García Luna tiene un departamento ahí. Es un fraccionamiento entre las calles O’Connor y Northgate, extenso, amurallado con ladrillos marrones y canceles negros, con pequeños lagos artificiales y un campo de golf. El lugar está pegado al Country Club Las Colinas y a un centro de convenciones. Detrás hay calles con nombres de ciudades mexicanas: Guadalajara, Acapulco o Veracruz. A unas cuadras está la oficina de Zapanta, podría llegar caminando, y muy cerca quedan los dos aeropuertos más importantes de Dallas. 

Zapanta conoce a García Luna desde el sexenio de Felipe Calderón, a ambos los ha invitado a seminarios, foros y conferencias. 

Pero esta vez el ex funcionario les estaba ofreciendo un esquema de seguridad y su índice GLAC: datos georreferenciados por localidad, municipio, estado, y en tiempo real, un combo de información a la que tiene acceso y que quizá los periodistas no podemos obtenerla ni por medio de la ley de transparencia. 

Zapanta dice que a los empresarios de su cámara les interesa conocer “todo lo que necesita una empresa para poder poner una planta”. Muchos de sus socios tienen intereses en petróleo, en Pemex, en la CFE, en gasoductos, en ferrocarriles o en telecomunicaciones. 

“Pero ahí quedó”, aclara Zapanta, “No llegamos a ningún acuerdo”. 

A Zapanta le sorprendió la detención de García Luna, porque es un “caballero”, “buena gente”. Así lo dice. Y no es la única persona de este lado de Estados Unidos que opina algo similar, a pesar de las consecuencias catastróficas y humanitarias por la fallida estrategia de seguridad que operó junto con Calderón. 

No es casualidad que García Luna haya pensado en reinstalarse en Irving y actuar desde ahí su empresa: elogios y una robusta cartera de clientes del sector energético, ¿dispuestos a no mirar?, más de 350 mil asesinatos, más de 60 mil desaparecidos, miles de fosas clandestinas, decenas de defensores ambientales masacrados desde 2006. En estas circunstancias, ¿a qué costo se ofrece un esquema de seguridad? No cabe duda, García Luna ha sabido vivir de la muerte. 

*Aclaración

Albert Zapanta dejó de trabajar para ARCO en 1993 y no participó en las negociaciones para que Marathon Petroleum entrara a México en 2017 con gasolineras.

wendys.perez@gmail.com 

jl/I