Las personas viven poco tiempo, algunos años o muchos años y algunas de ellas lo hacen teniendo claridad y definiendo con precisión lo que quieren lograr en la vida, sólo que en no pocas ocasiones orientan su vida con el propósito de lograr grandes éxitos académicos, laborales y económicos, pero descuidan el considerar otros aspectos que después descubren que eran importantes.
Otras personas orientan su vida influidas por las circunstancias cotidianas que se les van presentando, francamente, pero otras más son las que definen el rumbo de su existencia. Difícilmente encontramos personas que se han dado la oportunidad de visualizar integralmente todos los aspectos de su vida y que han logrado orientar su tiempo, esfuerzos y recursos personales y materiales de una forma equilibrada sin descuidar su salud, su familia, su educación, su trabajo, su pareja, sus amistades, su participación como ciudadana, entre otros aspectos.
Lamentablemente es hasta que vienen algunas pérdidas (de la salud, de un familiar, de la pareja, de las amistades, del trabajo, de la libertad, u otras) o en los fines de su existencia cuando toman conciencia de sus descuidos y es cuando vienen sentimientos de frustración, angustia, culpa, arrepentimiento y toman conciencia que ya no hay mucho o nada que hacer para remediar esos descuidos.
Y es que lamentablemente en la educación familiar y/o escolar no nos promueven la construcción de un proyecto integral de vida, siendo que este debería ser el eje articulador de todos los aspectos importantes de nuestra existencia.
El proyecto integral de vida es el que debe darle sentido y orientación a nuestro vivir y el que debe llevarnos a nuestra autorrealización, a nuestros sentimientos de satisfacción y a la felicidad y la de las personas con las que llegamos al mundo, con las que convivimos cotidianamente y con las que hemos decidido acompañarnos.
Todas y todos tenemos derecho a la salud integral, al éxito, al amor, a la trascendencia social, a la alegría y a la felicidad, pero para ello deberemos tener claridad sobre el cómo vivimos, hacia dónde queremos ir y de las medidas que vamos tomando y deberemos tomar.
Por ello es indispensable realizar una profunda reflexión y las consultas necesarias para definir nuestro proyecto integral de vida y, periódicamente, revisarlo y actualizarlo, y nunca es tarde para hacerlo. No importa la edad que se tenga, si se vive alguna enfermedad o discapacidad, si se tiene hijos, si se está divorciad@ o si se es joven y saludable.
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