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¿Alguien quiere pensar en los niños? 

Si usted leyó el título de esta columna con la voz de Helen Alegría, la personaje de Los Simpson, seguramente es milenial que tiene edad suficiente para ser padre o madre de familia. 

Y por tanto, le tocó ver el escándalo más reciente que protagonizó la 4T: el anuncio al recorte del ciclo escolar, acompañado por la frase del titular de Educación, Mario Delgado, donde confiesa que el último mes del ciclo las escuelas se convierten en guarderías. 

Más allá del ‘sincericidio’, lo cierto es que estamos por vivir un verdadero problema que deberíamos discutir públicamente. ¿Qué hacemos con la educación y las comunidades educativas?

El primer tema es la falta de niños en las escuelas. En la última década, el Inegi reportó que en Jalisco pasamos de tener 151 mil nacimientos a 114 mil, lo que representa casi una cuarta parte menos de menores que ya no están llegando a las aulas.

La caída más acelerada es el número de estudiantes que llegan al preescolar. De acuerdo con los datos reportados por la autoridad educativa al Inegi, en la última década los niños de preescolar son 17 por ciento menos, los de primaria son 6.3 menos; y los de secundaria son 4.6. 

El segundo tema interesante de la semana: la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre la prohibición de reprobar a estudiantes de educación básica. Los ministros sostienen que las calificaciones numéricas o las listas de asistencia no pueden medir el aprendizaje de una persona que está inserta en cualquier circunstancia o territorio. 

Esta decisión es una buena noticia para quienes creemos que la burocracia no puede estar por encima del aprendizaje. Pero limita los matices: ¿cómo empujamos y motivamos a los estudiantes a que sean mejores? ¿Cómo encontrar incentivos que ayuden a fomentar el pensamiento crítico en un mundo atiborrado de distractores digitales? 

Ambos temas son de una alta relevancia educativa, en principio, porque las escuelas se han convertido en uno de los últimos espacios seguros para las infancias y las juventudes. 

No sólo importa que los niños estén más tiempo en la escuela, sino que lo hagan de una manera que les ayude a mejorar su formación como personas, no sólo como estudiantes. Alguien quiere volver al tema del ¿refrigerio escolar?, ¿actividades extracurriculares?, ¿actividades comunitarias?

La idea de cerrar las escuelas de tiempo completo y limitar las estancias infantiles fue uno de los grandes fracasos del sexenio anterior. Pero la discusión que salió la semana pasada es esclarecedora. 

Hoy tenemos claro que hemos perdido el bono demográfico, eso dicen las tendencias. Y muchísimas escuelas deberán cambiar su dinámica. ¿Escuelas convertidas en espacios culturales por la tarde? ¿Preescolares derribados para hacer nuevos parques? 

Todo esto también tendrá repercusiones laborales, porque debemos evaluar la cantidad y los perfiles de profesores que se admiten en las normales y luego, quiénes tendrán derecho a una plaza. Sin duda: el cascabel del gato. 

Se viene un cambio de época en materia educativa, porque la transformación de la pirámide poblacional nos descubrirá nuevos problemas. ¿Quién quiere pensar en los niños?

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jl/I

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