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Angustiante realidad

Es complejo elegir un tema cuando los titulares ofrecen una narrativa circular que se acota a cuatro líneas discursivas: la relación capital-trabajo, capital-naturaleza, etnia-raza y el esquema patriarcal (todas contradicciones capitalistas).

Por lo tanto quiero abordar un tema que se padece y se minimiza: la angustia. No me he equivocado de espacio, entiendo que se asume como un tema de psicología, sin embargo no es exclusivo de esa rama, sus implicaciones atraviesan el acontecer de una época, de una generación conocida como “Milenials”.

La angustia o frustración que denotan los nacidos entre 1980 y 1995, rango sugerido por la consultora internacional PriceWaterhouseCoopers, se compone de múltiples factores y no es un simple estado emocional.

Primeramente, la clase media ha involucionado a ser “la clase exprimida”. De acuerdo con datos de la OCDE el incremento salarial después de la crisis de 2008 oscila entre 0.5 por ciento hasta 1.5 por ciento mientras que el incremento de la renta (costo de vida) a aumentado entre un 40 y 60 por ciento. No se requiere un minucioso análisis económico para determinar la vulnerabilidad que padece este sector.

A un salario insuficiente cabe añadirle el fenómeno del desarrollo tecnológico. A diferencia de cualquier fase de la historia, la humanidad jamás había atravesado cambios tan abrumadores, en menos de 10 años pasamos de recabar información en monografías a tener un acceso desmedido a la información.

El mismo impacto se sufre en el sector laboral, los empleos mutan y desaparecen. Es decir, aquella certidumbre que gozaba la generación que nos antecede está extinta.

Por último los factores de presión. La mayoría de los que conformamos a la “clase exprimida” somos hijos de “clase media” y en esta lógica se te exige como tal, tener carro, casa y más de una hija o hijo, mismos que tienen que acceder a un servicio de educación privada que ha incrementado su valor en 66 por ciento en la última década.

A partir de lo anterior se construye la paradoja de la clase media. No existe de facto, pero permanece en la psique identitaria y de consumo de los “milenials” y del gobierno. Se pretende consumir como aquella clase media que fungía como motor de la economía de los Estados mientras que se vive con sueldos insuficientes. Por lo tanto, que America Latina tenga un promedio de crecimiento anual no mayor al 2% no es casualidad.

A esto cabe añadirle el bombardeo de estereotipo de consumo por medio de las redes sociales y la obsolescencia programada en artículos de alto costo y relevancia, entiéndase, automóvil, smartphone y computadora personal.

Mi punto no es victimizar, ni caer en fatalismos, sino visualizar que existe un sistema en desequilibrio con un costo generacional que por una parte ofrece nuevas herramientas y por otra cuadros depresivos de angustia y frustración que se manifiestan en fenómenos como el nacionalismo y la violencia estructural. “

jeyayo@hotmail.com

JJ/I