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¿Sana distancia o manto protector?

Fue el último día de diciembre del año pasado cuando China advirtió de la aparición en la ciudad de Wuhan de casos de neumonía provocados por un nuevo virus, inicialmente llamado coronavirus, ahora Covid-19. De entonces a la fecha y a la hora que escribo esta columna hay 242 mil 191 casos confirmados de infectados con el virus en el mundo. De ellos, 84 mil 532 se han recuperado, pero por desgracia han muerto 9 mil 843. Con mucho pesar, las cifras para cuando lea esto habrán cambiado sensiblemente. 

Hasta el pasado miércoles, en México se confirmaron 118 contagiados, de los cuales, cuatro se han recuperado y 113 permanecen activos, desde quienes son asintomáticos, con síntomas leves hasta quienes están en terapia intensiva. Oficialmente ya ocurrió la primera defunción de una persona contagiada de forma comunitaria; esto es, que no se contagió en otro país. 

Varios países han anunciado estado de emergencia nacional, han cerrado sus fronteras o han restringido la movilidad interna para frenar la propagación del virus. Sin embargo, el gobierno mexicano no sólo se ha visto lento para tomar decisiones urgentes, sino que también las medidas han sido un tanto descoordinadas e incongruentes. 

En un principio, el fin de semana pasado se suspendieron los encuentros de futbol de la liga mexicana y algunos se realizaron a puerta cerrada, mientras que se permitió que en el Foro Sol se reunieran dos días seguidos más de 40 mil personas para el festival Vive Latino 2020, a pesar de que varias bandas declinaron participar debido a que ya se había declarado al Covid-19 como pandemia. 

Por otro lado, las cifras económicas son poco alentadoras: el precio por barril de mezcla de crudo mexicano tuvo una caída de 61 por ciento desde enero, y un decremento de 62 con respecto al precio previsto por el paquete económico 2020; el peso mexicano pasó de 18.91 el viernes 21 de febrero a 24.28 el 19 de marzo; las expectativas de crecimiento del PIB son negativas; la Bolsa Mexicana de Valores se desploma y no se ve que el gabinete económico emita las medidas emergentes necesarias para afrontar este panorama. 

Apenas el día de ayer fue convocado el Consejo de Salubridad General, presidido por el secretario de Salud, Jorge Alcocer, y cuyo secretario es el jalisciense doctor José Ignacio Santos Preciado. Los otros miembros son varios secretarios de estado y titulares de otras dependencias, así como destacados académicos. Hasta hoy, quien está al frente como único interlocutor y monopolizador de toda información es el doctor Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, quien por cierto no es integrante de este consejo. 

El lunes pasado, López-Gatell declaró en la mañanera dos aseveraciones que sorprendió a propios y extraños: primero, afirmó que el presidente, Andrés Manual López Obrador (AMLO) posee una “fuerza moral, no es una fuerza de contagio”; y segundo, que sería mejor que AMLO se contagiara para que se “recupere espontáneamente y va a quedar inmune”. Por su parte AMLO presentó el miércoles su manto de protección: dos imágenes de santos como “guardaespaldas” y afirmó estar tranquilo ante el posible impacto económico de la pandemia. 

Un López (Gatell) pide a la población que sigan las indicaciones para evitar el contagio y el otro López (Obrador) hace exactamente lo contrario a lo recomendado: desdeña el uso de gel antibacterial, saluda de mano y continuará con las giras de fin de semana; claro, amparado en su escudo protector (“¡Detente!”), la honestidad, el combate la corrupción y su fortaleza moral. 

iortizb@gmail.com

jl/I