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Coahuila y los posibles cambios de estrategias

El domingo pasado se llevaron a cabo las elecciones en Coahuila para la renovación del Congreso local. Ciertamente, en otras condiciones no llamaría mucho la atención salvo a los votantes de esa entidad; sin embargo, en el choque de las dimensiones de propaganda política que se han sublimado en las semanas recientes, ese proceso electoral adquirió un nivel de atención mayor del que normalmente habría tenido.

Los resultados electorales de la jornada marcan al PRI como el partido ganador de la jornada obteniendo un triunfo total en los 16 distritos. El partido fue en alianza con un partido local, Unidad Democrática de Coahuila (UDC), que desde su fundación en 1996 ha tenido una modesta presencia con un sufragio de entre 5 y 9 por ciento en diferentes comicios desde su fundación.

El choque de narrativas ha evolucionado de forma muy intensa en las últimas semanas y la perspectiva de las elecciones de 2027 súbitamente han adquirido un perfil diferente de lo que se venía perfilando hasta hace apenas un mes. El partido en el gobierno había desarrollado una línea de organización poderosa y sin contrapesos partidistas de consideración. Una línea importante de difusión de ese movimiento lo ha constituido desde el sexenio anterior la presidencia, promoviendo, junto con la presentación de la ideología del partido, el funcionamiento de la administración federal como uno de los ejes de su oferta.

Los recientes desencuentros con el gobierno norteamericano solicitando la colaboración para presentar a funcionarios en activo, pero con juicios pendientes que se están llevando a cabo en el Gran Jurado en Estados Unidos (circunstancia que ha motivado la solicitud de presentación y extradición a esa instancia judicial, entre quienes se encuentra el gobernador ahora con licencia de Sinaloa, y nueve funcionarios más, respecto de los cuales el gobierno mexicano se ha rehusado de manera terminante a generar su colaboración, de acuerdo con los tratados internacionales), ha formado la percepción de los votantes con que la defensa del gobierno se realiza respecto de la marca política en lugar de desarrollar acciones de Estado.

Los escándalos de corrupción que involucran a varios altos funcionarios del partido en el gobierno y la ausencia de acciones al respecto marcan también una sensación de escepticismo en varios sectores de votantes. Respecto de esta forma de percepción, el desarticulado proceso en contra de la gobernadora de oposición de Chihuahua resultó en una acción totalmente desordenada y sin los resultados esperados por el oficialismo.

En el caso de Coahuila se podría perfilar una respuesta diferente de las esperadas para comicios por parte del oficialismo. De la ausencia de contrapesos de las oposiciones a la obtención del éxito en las elecciones coahuilenses, no se desprende, necesariamente, el desarrollo de unas oposiciones instaladas con efectividad en los mapas electorales. Sin embargo, será motivo de profundas reflexiones del oficialismo en términos de la confianza que, probablemente, esté acusando signos evidentes de desgaste. Junto con la Copa del Mundo, estarán las negociaciones del TMEC y los plazos para Rocha Moya, así que estará por verse si las estrategias cambian o se mantienen.

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jl/I

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