Algunos datos publicados esta semana me han puesto a pensar que Jalisco se ha convertido en un monstruo sin rumbo. Me explico: tenemos un estado que durante décadas fue una locomotora demográfica, pero que poco a poco envejece, crece menos y comienza a tener necesidades distintas. Lo que hace falta es una discusión pública más amplia sobre lo que viene.
La Encuesta Intercensal coloca a Jalisco con 8 millones 633 mil 761 habitantes. El número importa. Pero como en el chiste, donde la bala no es la que mata, sino la velocidad, voy a explicarme.
El crecimiento demográfico en Jalisco muestra una clara desaceleración a lo largo de las décadas: entre 1950 y 1960 registraba un ritmo cercano al 3.4 por ciento anual, el cual descendió a cerca del 1.5 entre 2000 y 2010, y se situó en 1.3 durante la década de 2010 a 2020.
Esta tendencia a la baja se ha acentuado recientemente, pues en el último quinquenio la población apenas aumentó en 285 610 habitantes, un ritmo de 0.68 por ciento anual.
Jalisco nunca había sido tan grande y, al mismo tiempo, hacía décadas que no crecía tan despacio.
También estamos cambiando por dentro. En 2010 todavía podía reconocerse claramente una pirámide poblacional: muchos niños en la base y progresivamente menos personas conforme avanzaba la edad. Para 2020, la base de la pirámide es amorfa. Esa es una de las transformaciones más profundas que están ocurriendo silenciosamente.
Durante buena parte del siglo 20 la pregunta fue cómo construir suficiente infraestructura para la gente que venía. Ahora la pregunta es: ¿qué hacemos con toda la infraestructura que construimos cuando cambia la gente que la utiliza?
Pensemos en las escuelas, por ejemplo. Si cada vez tenemos menos niños y más adultos mayores, quizá algún día tengamos que discutir si algunos de esos espacios deben transformarse en centros comunitarios, culturales, educativos o de cuidados. Las necesidades cambiaron.
Además, vivimos más. La esperanza de vida en Jalisco ronda los 76 años. En 1970 era de 59 años para los hombres y 63 para las mujeres. Las proyecciones hacia 2050 apuntan a una sociedad donde vivir alrededor de 80 años será cada vez más común.
Construimos buena parte de nuestras instituciones para una sociedad mucho más joven. ¿Estamos preparando las instituciones para una sociedad que vivirá más?
Y otro monstruo está en la ciudad que habitamos. El Área Metropolitana de Guadalajara concentra alrededor del 63 por ciento de la población estatal. Más de cinco millones de personas realizan cerca de 12 millones de viajes diarios. Seguimos construyendo vivienda cada vez más lejos de los centros de trabajo y servicios, extendiendo una ciudad donde resulta costosísimo conectar.
Aprendimos a construir fraccionamientos, escuelas, carreteras, hospitales, universidades y parques industriales para una población que aumentaba a toda velocidad. El éxito fue tan grande que terminamos construyendo un monstruo que está por cumplir 500 años, con 10 millones de habitantes.
El problema es que ahora el monstruo envejece, crece más despacio y no está claro hacia dónde queremos llevarlo.
Hace un par de décadas, académicos, empresarios y sociedad civil impulsaron proyectos como Guadalajara 2030 que, para bien o para mal, discutieron y amoldaron la ciudad que querían para el primer tercio del siglo.
Quizá llegó el momento de volver a hacerlo ¿Qué Jalisco queremos cuando lleguemos a 2050 y alcancemos los 10 millones de habitantes?
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