Terminó el Mundial para México. Se apagaron las pantallas, los Fan Fest comenzaron a vaciarse, los pocos turistas regresaron a casa y las autoridades volvieron a la realidad.
Han pasado diez días desde que el gobierno de Jalisco anunció que el Siapa requiere alrededor de 25 mil millones de pesos para ejecutar una treintena de obras capaces de enfrentar la crisis de mala calidad de agua. Seguimos sin conocer el listado completo de esos proyectos ni el calendario para realizarlos. Mientras tanto, vale la pena revisar lo que sí sabemos.
La Junta de Gobierno del Siapa aprobó para 2026 un Programa Anual de Obras de apenas 288.9 millones de pesos. Ese presupuesto contempla el desazolve de canales y bocas de tormenta, la rehabilitación de infraestructura, la atención de socavones, obras de emergencia, estudios y proyectos. En otras palabras, las acciones mínimas para mantener funcionando una red hidráulica que desde hace años da señales de obsolescencia.
La cifra contrasta con los 445.7 millones de pesos que, de acuerdo con una investigación de la periodista Violeta Meléndez, se destinaron a gastos relacionados con la organización del Mundial de Futbol. Conciertos, Fan Fest, oficinas para la FIFA, estacionamientos, señalética, seguridad privada, detectores de metales, baños y el operativo de la llamada “última milla”. La mayor parte de esos recursos se destinó a infraestructura temporal para un evento que duró apenas tres semanas.
La comparación no significa que ambos recursos provinieran de la misma bolsa presupuestal ni que uno pudiera trasladarse automáticamente al otro. Ese argumento sería incorrecto. Pero sí obliga a preguntarnos: ¿qué revelan estas cifras sobre las prioridades del gasto público?
La discusión adquiere otra dimensión porque, de manera paralela, el gobierno del estado decidió reasignar cerca de mil millones de pesos originalmente destinados a infraestructura hidráulica en las regiones para fortalecer financieramente al Siapa. La medida dejó en pausa 65 obras en 45 municipios, entre ellas proyectos de agua potable, drenaje sanitario, colectores, perforación de pozos y plantas de tratamiento que beneficiarían a casi un millón de habitantes.
En pocas palabras: las malas decisiones en la ciudad las pagan las regiones.
El gobernador Pablo Lemus sostuvo que asumiría una “responsabilidad histórica” para rescatar al organismo operador. Es difícil cuestionar el diagnóstico. El Siapa atraviesa una de las crisis más severas de su historia y millones de personas merecen recibir agua de calidad. Sin embargo, el verdadero debate no consiste en decidir si el organismo debe ser rescatado, eso es obvio.
Debemos conocer con qué recursos, bajo qué estrategia y a costa de qué otros proyectos públicos.
Terminó el Mundial. Ahora viene el partido más complicado: demostrar que la emergencia del agua será atendida con la misma rapidez, la misma coordinación y la misma capacidad de movilizar recursos públicos que se mostró para recibir a la FIFA.
Por lo pronto, el cinismo rampante: ya hay quien sugiere que el Siapa no funciona y debe desaparecer; que los alcaldes hacen mutis sobre su responsabilidad; e incluso, que ya es mejor bañarse con agua de garrafón porque uno sale más sucio de la regadera que cuando abrió la llave.
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