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¿Cómo nos vamos a morir?

Una de las certezas que podemos tener cualquier persona es que en algún momento moriremos, pero con los avances científicos y tecnológicos en medicina, psicología, nutrición, sociología, entre otras disciplinas, la idea es lograr vivir más tiempo y con calidad. 

En el caso de las y los mexicanos, la idea sería llegar a vivir los 75.1 años, que es la esperanza de vida que tenemos, y de ser posible más, pero con las mejores condiciones posibles, con el menor deterioro físico y mental posible, sin discapacidades, aun haciendo aportes a nuestra comunidad y viviendo intensa y felizmente. 

Rescatamos esta reflexión a propósito de la reciente información sobre el comportamiento del Covid-19 en el mundo y particularmente en México, en la que se establece que la tasa de letalidad promedio en el mundo es de 6.4 por ciento, mientras que en México es de 10.9, más o menos 70 por ciento arriba.  

Antes de la llegada del virus al país, ya se tenía claro que el impacto negativo del coronavirus podría ser mayor en determinados sectores poblacionales: adultos mayores y otras personas que presentan simultáneamente otra u otras enfermedades como diabetes, insuficiencia renal, enfermedades respiratorias, obesidad mórbida, canceres, entre otras. 

Ante esto, en videoreunión de gobernadores con autoridades federales se propuso que el gobierno federal contrate promotores de la salud para dar seguimiento a personas con enfermedades crónico-degenerativas, con lo cual no estamos en desacuerdo, pero recordamos que ya la Ley General de Salud establece que los servicios de prevención y de promoción de la salud son derechos de todas y todos los mexicanos. 

El problema es que estas funciones son marginales y de baja calidad y ello explica que las y los mexicanos tengamos preocupantes estilos de vida; que el 70 por ciento de adultos y uno de cada tres niños vivan con obesidad y sobrepeso, y que una de cada cinco personas sufrirá depresión antes de los 75 años y que los jóvenes presenten tasas mayores, por solo mencionar algunos problemas.  

Una prioridad en políticas públicas y programas gubernamentales en salud integral debe ser el promover que las personas duerman con calidad, coman y se hidraten adecuadamente, realicen cotidianamente ejercicio, practiquen relaciones sexuales saludables, tengan un proyecto integral de vida, desarrollen su autoestima, resiliencia y habilidades sociales, entre otros temas, lo que favorecería vivir saludablemente, con bienestar y ser menos vulnerables. 

red_ciu@yahoo.com.mx

jl/I