Empleados del Ayuntamiento de Guadalajara trabajaron ayer con ahínco en la limpieza de la escultura de El Palomar, con la que comienza el Paseo Alcalde. Unos días antes habían retirado todas las fichas de búsqueda que colectivos de familiares de personas desaparecidas habían colocado, dejando un rastro blanquecino sobre la superficie naranja, de la mezcla de papel y pegamento.
En el mismo punto se limpiaron los bolardos, esas estructuras negras colocadas por miles en la ciudad, a los que por lo menos los colectivos ya encontraron una utilidad: la exhibición de fichas. También lavaron el piso y repararon algunas baldosas dañadas. La limpieza tenía como objetivo la entrega, unas horas más tarde, de las primeras bicicletas eléctricas del sistema público.
Al ver a ese grupo de trabajadores municipales en labores intensas, podemos tener la certeza de que esa es una de las acciones a las que se refieren las autoridades cuando aseguran que ya están listos para el mundial de futbol.
La expresión, para nuestras autoridades, implica que ya hicieron lo que hacía falta para recibir a los millones de visitantes que aseguran llegarán a la Zona Metropolitana de Guadalajara, donde se jugarán cuatro partidos del Mundial, en un estadio al que por cierto le caben menos de 50 mil personas. Han asegurado estar listos en comunicados de prensa sobre seguridad, obras terminadas y planeación de actividades aledañas a los partidos.
¿La ciudad está realmente lista para el mundial? En términos generales podríamos decir que sí, sobre todo por la inversión en obras de maquillaje y el despliegue de seguridad que ya hemos visto en los espacios por los que esperan pasen las visitas.
Además, a esta ciudad, entendiéndola como el conjunto de municipios metropolitanos, le conviene que estemos listos. Por la derrama económica, que seguramente no se acercará a las cuentas alegres de las autoridades, pero será importante, la diversión por el ambiente que genera un mundial y, sobre todo, el mensaje de que, a pesar de la violencia, se puede vivir aquí.
Hasta los mismos familiares lo han señalado. Una mujer que busca a su esposo y participó en la pega de fichas de búsqueda el fin de semana declaró que a él le gustaba el futbol, por lo que está segura de que le habría gustado estar ahí.
Visibilizar lo que ocurre en la ciudad con la violencia, la inseguridad, las desapariciones, las fosas clandestinas y la crisis forense, o recordar que nos inundamos con cualquier tormenta, que el transporte público es deficiente y que el tráfico afecta reiteradamente nuestra calidad de vida, no es boicotear el mundial para el que las autoridades dicen estar listas.
Hablar de esa agenda le molesta a quien sabe que no ha hecho lo suficiente y muchas veces ni siquiera lo mínimo para resolver cada uno de esos problemas.
El Mundial ya está en puerta y seguramente los colectivos no desaprovecharán que tendremos visita para expresarse. Así que lo menos que podemos pedir a las autoridades es que muestren altura y no volvamos a vivir una de esas historias de represión que han marcado a Guadalajara.
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