Una de las exitosas campañas sobre el consumo responsable del agua la produjo el entonces Consejo Nacional de la Publicidad (ahora Consejo de la Comunicación). Iniciada oficialmente en 1978 y concluida en 1983, el lema o frase central que se repitió en los tiempos oficiales de la radio y la televisión, y en carteles, era “Una gota de agua nos está quitando el sueño”. El objetivo del gobierno federal era concientizar a la población del país, aunque se enfocó sobre todo en el entonces Distrito Federal, sobre el cuidado y ahorro del agua. La difusión del sonido de una fuga o llave abierta que gotea en la noche y no deja dormir impactó en la cultura del país.
Después el consejo nacional y el gobierno federal lanzaron en 1984 otra campaña: “El agua es de todos… ¡ya ciérrale!”, que criticó el desperdicio del agua en las actividades cotidianas. La televisión mostraba a una joven llamada Amanda que lavaba con la manguera abierta la bicicleta de su novio, como sucede con quienes lavan sus vehículos o la banqueta. En la escena aparecía un niño que se acercaba y la confrontaba con la frase “¡Amanda, ya ciérrale! El agua es de todos y tú lavándole la bici al panadero... te la estás acabando, ¿eh?”, mientras hacía un ademán simulando girar la llave de paso.
El gobierno federal evolucionó la campaña en 1989 con el lema “Gota a gota el agua se agota”, basándose en una canción infantil pegajosa que se transmitió hasta 1994.
Las tres campañas fueron emblemáticas en la historia de la televisión mexicana. Las difundieron cuando empezó la crisis de abastecimiento del agua en la ahora Ciudad de México y la población resintió tandeos, como ha sucedido en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG).
Actualmente, en la ZMG, una gota de agua no nos está quitando el sueño, sino los chorros de agua contaminada, oscura y hedionda, que recibimos en los hogares y negocios.
Si antes la campaña publicitaria señalaba que el agua es de todos, y demandaba ¡ya ciérrale!, no nos queda de otra, porque la pestilencia la hace inútil para lavar ropa o trastes o bañarse, y mucho menos para consumirla.
Y si se buscaba advertirnos que gota a gota, el agua se agota, pues a estas alturas, más de 30 años después, hay colonias o zonas en las que el líquido no se agotó, porque ni siquiera llega.
Padecemos una crisis hídrica arrastrada desde hace décadas por gobiernos priistas, panistas y emecistas. La población metropolitana está molesta ante la incapacidad de hallar soluciones, con un Siapa sumido en un socavón.
De ahí que organizaciones civiles y ciudadanas están llamando a una jornada de manifestaciones. Una, para exigir se declare emergencia sanitaria.
Lo irónico es que Jalisco tiene más dependencias responsables de la gestión y suministro de los recursos hídricos: la Secretaría de Gestión Integral del Agua, la Comisión Estatal del Agua, el propio Siapa y el Seapal de Puerto Vallarta, más las del gobierno federal, y las creadas por los ayuntamientos fuera de la urbe tapatía.
El financiamiento por 20 mil millones de pesos que busca el gobierno del estado genera dudas: desconocemos a detalle la situación del Siapa o los estudios que supuestamente existen que fundamentan la millonaria cifra, entre otros puntos. ¿Por qué no se escucha a especialistas universitarios del tema? Y, ahora, ¿cómo confiar cuando, desde sexenios atrás, han insistido en la misma fórmula de pedir más recursos sin solucionar la crisis?
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