La mayoría de los economistas explica el bajo crecimiento económico de México por el bajo nivel de ahorro. Así, desde hace décadas, los programas nacionales de Financiamiento del Desarrollo han promovido aumentar el ahorro para financiar la inversión nacional.
Este 28 de agosto, el Inegi publicó el boletín sobre las cuentas por sectores institucionales del primer trimestre de 2026. Estas cuentas registran quiénes ahorran, quiénes invierten y quiénes financian la economía. Su virtud es que hacen operativa la identidad ahorro-inversión a nivel sectorial.
El boletín es contundente: en el primer trimestre, el ingreso disponible de las empresas no financieras mexicanas fue negativo (-3.4 por ciento del PIB). Un año antes había sido positivo (1.8 por ciento). La razón está en los pagos por intereses, dividendos y utilidades, que absorbieron 25.1 por ciento del PIB.
Aun así, esas empresas invirtieron 11.3 por ciento del PIB. Su endeudamiento neto llegó a 14 por ciento. En consecuencia, financiaron la inversión enteramente con deuda y la brecha entre ahorro e inversión se cubrió con recursos del exterior.
Entre 2025 y 2026, los salarios ganaron 1.7 puntos del PIB. El excedente bruto de operación de las empresas, por contraste, perdió exactamente lo mismo. Mejoró la distribución del ingreso y, al mismo tiempo, se redujeron los márgenes empresariales.
Los hogares son el sector de mayor tamaño en la economía. Su ingreso disponible alcanzó 78 por ciento del PIB en 2026: de ahí ahorraron 11.7 puntos y prestaron cinco al resto de los sectores. Su riqueza creció mientras la del gobierno y la de las empresas disminuía.
El ahorro interno aportó 15.9 por ciento del PIB y el externo, otro 3.9 por ciento. Juntos financiaron una inversión equivalente a 19.8 por ciento.
El diagnóstico basado en las cifras del boletín se resume en tres hallazgos: el sector productivo invierte sin generar recursos propios; el ahorro interno no alcanza para financiar esa inversión; y las empresas destinan sumas elevadas al pago de intereses, dividendos y utilidades.
El boletín registra además una recomposición de la riqueza. Disminuyó el valor neto de los activos de los sectores público y empresarial, mientras aumentó el de los hogares. Los bancos, por su parte, redujeron sus pasivos; es decir, sus deudas.
De ahí que el problema para promover el crecimiento no sea la falta de ahorro. Los hogares ahorran y la banca tiene recursos. El problema es que ese ahorro no llega a convertirse en inversión productiva. Falla la intermediación financiera, no la generación de recursos.
¿Cómo podría canalizarse el ahorro doméstico hacia la inversión productiva? Una vía sería mejorar las prácticas de intermediación. Otra, ampliar la inversión productiva de las afores. Una tercera, profundizar el mercado de deuda corporativa.
En mi opinión, las cuentas por sectores institucionales revelan oportunidades reales para promover el crecimiento del país. Mejorar la intermediación financiera y transformar el ahorro doméstico en inversión productiva resultan indispensables para lograr dicho objetivo.
*Economista e investigador de la UdeG
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