En medio de un abundante temporal la metrópoli de Guadalajara sufre una doble crisis de agua: su calidad compromete la salud humana y también es escasa.
El problema no es nuevo desde luego, pero las fórmulas que los gobiernos han aplicado para prometer más agua y de mejor calidad no han servido de mucho. La eficiencia se ha confiado mucho más a la tecnología y a inversión de acueductos y represas, y mucho menos en formar un criterio ético en los usuarios y en quienes la administran.
La tecnología “normal” a la que apelan los gobiernos no ha sido capaz de promover entre los ciudadanos otra responsabilidad que “cerrar la llave” y “no contaminarla”, conductas necesarias, pero insuficientes en una sociedad de hiperconsumo.
La tecnología es un reflejo de la sociedad. Surge y responde a lo que la sociedad considera valioso y a su organización. Si la sociedad cambia en sus valoraciones y en su organización, también cambia la tecnología. Por ejemplo, una tecnología surgida de la valoración del ciclo del agua bajo un esquema de responsabilidad y ética ciudadana es capaz de producir sistemas de monitoreo (con dispositivos sencillos) para detectar fugas y características de contaminación del agua, identificándolas en un mapa en tiempo real.
Este modelo existe y ha surgido en medio de la crisis en poblaciones como Tlajomulco y El Salto, quienes han sufrido en su salud la contaminación del agua y siguen siendo afectadas por empresas negligentes y esquemas de gestión del agua que no contemplan mayor participación de la población.
La información producida y compartida de manera colectiva ha sido punto de partida para que estas comunidades emprendan obras innovadoras de rehabilitación del ciclo del agua; del cuidado de zonas boscosas, de infiltración y captación o de flujo subterráneo y superficial del agua.
Esta información generada comunitariamente puede alimentar directamente la información de los organismos operadores del agua y facilitar procesos de colaboración con los ciudadanos, sin embargo, hasta ahora este esquema no ha sido contemplado en los planes hídricos del estado.
Universidades públicas y privadas de Jalisco (la UdeG, el Tec de Monterrey, el ITESO) han estado participando del desarrollo de modelos de monitoreo ciudadano, como en la formación de esquemas éticos para la operación del agua. En este trabajo han visto cómo las comunidades ven y buscan que el agua esté “viva” para consumirla con todas sus propiedades orgánicas para que de ahí se vaya río abajo, con la responsabilidad de dejarla ir nuevamente como agua “viva” hacia el siguiente poblado.
Esta es una concepción importante para comprender la prevención de la contaminación y, por tanto, su monitoreo y la exigencia del abasto sano del agua para todas las comunidades.
Dicho de otro modo, bienvenida la inversión para sanear los cuerpos de agua y para renovar los ductos de agua para que sean eficientes. Pero ni la tecnología ni las fuentes de agua serán suficientes si no se invierte en la formación ética del agua, motor de cambio a esquemas responsables y de tejido colectivo.
GR









