La novedad no es que México esté por debajo de la media en el examen del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés); así ha sido desde hace dos décadas, cuando comenzó a participar. Lo alarmante es que, como país, no hemos evolucionado, según los resultados que se dieron a conocer la semana pasada del examen que aplica la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) a estudiantes de 15 años.
De los 91 países participantes, 13 son latinoamericanos y ninguno superó la media: de los 463 puntos que corresponden a matemáticas, obtuvimos 388 (-75); de los 461 en lectura, alcanzamos 408 (-53), y de los 482 en ciencias, registramos 414 (-68) puntos.
El fenómeno es global. La mayoría de los países bajaron sus puntajes con respecto a 2022. Apenas 0.5 por ciento de los 700 mil participantes alcanzó niveles de excelencia en al menos una de las áreas, y 41.8 por ciento de quienes aplicaron el examen reflejaron bajo rendimiento.
¿A alguien le sorprende el resultado si en la Nueva Escuela Mexicana se les restó espacio a las matemáticas? ¿Los estudiantes de educación básica pueden establecer un criterio propio si, con los nuevos libros de texto gratuitos, la Historia Universal y la de México fueron diseccionadas y no muestran el panorama general de los acontecimientos? O, mejor todavía: aunque un alumno no tenga una calificación aprobatoria ni cumpla con la asistencia mínima requerida, debe ser promovido al siguiente grado. ¿Acaso es una inducción a la mediocridad y al conformismo?
En contraste, para muestra, un botón. En la reciente Olimpiada Internacional de Matemáticas de Singapur, realizada del 17 al 21 de julio y en la que participaron 2 mil 287 alumnos de 40 países, una delegación de 235 estudiantes de 18 estados representó a México; 122 portaban el escudo de Jalisco.
En el resultado, México regresó con 312 medallas: 53 de oro, 78 de plata y 181 de bronce, además de 70 menciones honoríficas. Del total de las medallas, Jalisco obtuvo 56 por ciento: 28 preseas de oro, 38 de plata y 109 de bronce, además de 35 menciones honoríficas.
Eso nos dice que, aunque como país nos clasifican por debajo de la media en aprovechamiento en la OCDE, como estado, la exigencia docente y los esfuerzos adicionales en el programa han ubicado a Jalisco como potencia académica, así como lo es en el deporte. Competencias de conocimientos hay muchas, en todos los niveles y en muchos países, pero tenemos una deficiencia general, y lo importante es saber qué se está haciendo para darle la vuelta a esta realidad.
La educación en México no se trata sólo de la calificación de un organismo o de las medallas que otorga otro; se trata de la inversión que la Federación y el Estado hacen, de un plan a largo plazo que garantice una generación de millones de estudiantes que se autoexija, que ambicione crecer, que sepa que la excelencia abre mayores oportunidades, que desarrolle ética, que reflexione sobre su entorno y sobre lo que quiere aportar al mundo, porque, nos guste o no, en la vida real las métricas importan y sólo con educación se puede abolir la esclavitud mental.
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