Así como hace una semana nos preguntamos de quién fue la orden de actuar en contra de los ciudadanos que se manifestaron en Casa Jalisco el 11 de octubre, ahora la duda que surge es ¿quién resultó beneficiado con la violencia de este domingo?
La omisión de las autoridades estatales ante la violencia, especialmente en negocios y edificios públicos, no se explica. Si pensamos mal, parecía el montaje perfecto para justificar la actuación de los policías una semana antes; es decir, una prueba de lo que ocurre cuando la policía no actúa.
A esto hay que sumar las especulaciones sobre quiénes son los integrantes de los grupos que pintaron y dañaron los inmuebles. Aunque se les llama de manera genérica “bloque negro”, su intervención en torno a la manifestación del domingo parecía más orquestada de lo que hemos visto en otras marchas. Es decir, no parecían los anarquistas o las jóvenes que normalmente actúan en las manifestaciones del 8 de marzo.
Lo que vimos fue un grupo, en su mayoría de hombres, que se turnaban para actuar, que eran abastecidos de diferentes insumos y que actuaban para luego retirarse y perderse entre el resto de la gente, mientras otros llegaban a relevarlos y continuar con las pintas, rompiendo vidrios o prendiendo fuego.
Para algunos organizadores de la manifestación, parecía un bloque armado desde el gobierno del estado. Si es así, ¿qué es lo que buscaban?
En el mensaje difundido ayer por el gobernador Pablo Lemus Navarro a través de sus cuentas en redes sociales insinúa que no eran jaliscienses.
Por eso vale la pena preguntarnos quién organizó a este grupo y cuál era el mensaje que querían mandar. Si se trata de personas que llegaron de otras entidades y, como algunos emecistas especulan, son empujados por el partido Morena, ¿esa es la forma en que pretenden ganarse la simpatía de los jaliscienses?
Si en cambio, realmente fue orquestada desde el gobierno del estado, que al mismo tiempo encerró a sus policías para dejarlos actuar libremente, ¿consideran que es la forma de inhibir las protestas ciudadanas por la crisis de agua sucia entregada por el Siapa, a la que ahora se suma el desabasto?
Como estrategia de cualquiera de los dos bandos, parece sumamente peligrosa.
Lo que sí podemos afirmar es que nuevamente se exhibe la falta de protocolos de las corporaciones de seguridad. Porque si bien evitaron la confrontación con quienes acudieron a la violencia, también dejaron a merced de esas personas a quienes se manifestaban pacíficamente.
De hecho, se registraron algunas confrontaciones que pudieron derivar en golpes, cuando los hombres con el rostro cubierto se negaron a alejarse de la manifestación, uno de estos en la avenida Federalismo y otro más en la Plaza de la Liberación, a un costado de palacio de gobierno, en donde incluso la situación fue controlada por un representante de la Comisión Estatal de Derechos Humanos.
Reprimir no era la respuesta adecuada a la inconformidad de los ciudadanos, pero tampoco dejar la ciudad a merced de la violencia. Lo que se necesita es una autoridad que cumpla con su trabajo.
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