Ciertamente, la realidad de las personas en situación de calle es muy compleja para atenderse, sobre todo porque es multicausal y no responde a una "elección personal”, sino al debilitamiento o la ruptura de los vínculos sociales y de los derechos fundamentales. En ella inciden situaciones como conflictos y violencia familiar; pobreza y desigualdad económica; ruptura de las redes de contención; problemas de salud mental no atendidos; consumo de alcohol y drogas, paso por el sistema penitenciario o institucional; estigma y discriminación, entre otras.
En México, a pesar de la reforma a la Ley General de Salud en materia de Salud Mental y Adicciones del 16 de mayo de 2022, en la que se establece que prioritariamente se les debe atender, es una realidad generalmente desatendida y los pocos programas gubernamentales orientados para su atención son fundamentalmente asistencialistas que han demostrado notable ineficacia. No se delimita estadísticamente y mucho menos se trabaja para prevenir esta problemática.
Incluso en los programas gubernamentales de combate a la pobreza como la pensión del bienestar, las personas adultas mayores en situación de calle están excluidas por un protocolo que no considera sus características y condiciones, y, por tanto, no pueden acceder a este beneficio.
El pasado 17 de octubre se conmemoró el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza y la realidad de las personas en situación de calle (de las personas pobres son las más pobres) solo tuvo silencio.
En el mundo, hay países como Finlandia y Alemania en los que se han implementado programas que han resultado exitosos para mejorar su calidad de vida y en la reducción de personas en situación de calle.
Para prevenir y atender esta realidad, lo primero que se requiere es la disposición de las autoridades federales, estatales y municipales para reconocerla con una perspectiva crítica y propositiva. Posteriormente se debe convocar a académicos, profesionales y activistas ciudadanas/os que han investigado y/o trabajado en temas relacionados para juntos estudiar esta situación, considerando algunas experiencias de otros países y diseñar innovadoramente programas multidisciplinarios para investigar, prevenir, intervenir y evaluar los trabajos.
Diría Ignacio Martín-Baro: “Por ello, yo les invito a todos ustedes, en palabras de García Márquez, a optar por una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a 100 años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.
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