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Los dos México

Nunca hay que pactar con el error, aun cuando aparezca sostenido por textos sagrados
Mahatma Gandhi

Todos sabemos cómo consideran los extranjeros al pueblo de México. Se dice que somos gente amable y cortés, que tenemos la sonrisa a flor de labios y somos capaces de dejar lo que estamos haciendo para ayudar a otros. También tenemos fama de quitarnos la camisa para darla al necesitado. En fin, nos califican como bondadosos y espléndidos anfitriones.

Casi todos los que han visitado nuestro país, por negocios o placer, tienen muy buenos recuerdos del trato que recibieron; aun si tuvieron la mala suerte de ser víctimas de algún delincuente –algo que en cualquier país puede suceder– se quedan con la buena imagen del trato amable y generoso de los mexicanos.

Así somos. Aquellos viajeros que vienen por temporadas –desde un día hasta meses o años– se quedan con ganas de volver y muchas veces lo hacen. Algunos, incluso, terminan viviendo entre nosotros al jubilarse, pues además del buen clima que prevalece en el territorio aprecian la calidez de nuestra gente.

Es un México que, sin importar los problemas que enfrente y las penurias que padezca, abre los brazos a los visitantes. Inclusive el que socorre, alimenta y sana a aquellos que, se nota, van de paso hacia el norte en busca de mejores condiciones de vida y del llamado sueño americano, a Estados Unidos. Personas que huyen de sus países por la ausencia de oportunidades que los mantiene en condiciones de pobreza, carentes de lo indispensable para una vida digna.

Cruda realidad

Existe otro México. El que tampoco tiene oportunidades suficientes para tener una vida digna. Ese otro es el país del que huyen muchos, igualmente hacia el norte; los que van a pasarse la línea de mojados también en busca del sueño americano. Ese otro México es una tierra que no genera bastantes empleos ni salarios que alcancen para tener techo en qué cobijarse ni comida en la mesa todos los días. Aquellos mexicanos que prefieren la incertidumbre del viaje al otro lado de la frontera a la certeza del hambre y, muchas veces, el frío y la lluvia de la intemperie que su patria les ofrece. Esa es la realidad a la que no quieren mirar los políticos.

Un país como el nuestro, que tiene a cerca de la mitad de su población en situación de pobreza, con un enorme déficit de empleos y una gran cantidad de personas que viven en la informalidad –que no pagan impuestos y ahora les cancelarán los servicios médicos del Seguro Popular–, definitivamente no tiene la capacidad de dar asilo a los miles de migrantes centroamericanos, no sólo los que ya no pasarán a Estados Unidos, sino a los que ese país devolverá a este lado de la frontera mientras resuelve –que es tanto como decir niega– sus solicitudes de asilo.

En lo oscurito

Festejó Andrés Manuel López Obrador el sábado pasado en Tijuana el acuerdo alcanzado por el equipo de negociación encabezado por Marcelo Ebrard. A cambio de que Donald Trump no aplique los aranceles de 5 por ciento escalonado mensualmente a los productos mexicanos que se exporten a Estados Unidos, México aceptó convertirse en su patio trasero con todo y basureros. Deberemos recibir y brindarles asistencia, alimentación y servicios médicos a todos los migrantes que serán rechazados por ese país. De ahí el compromiso de México de enviar a su frontera sur 6 mil efectivos de la Guardia Nacional para contener el ingreso de más migrantes en tránsito hacia Estados Unidos.

Colofón…

Revisaremos pronto los demás acuerdos aceptados por Ebrard que aún se mantienen en la sombra.

@BenitoMArteaga

bmacoladeleon@gmail.com

JJ/I