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Brasil y Francia: se juega algo más que futbol

El pensar simultáneamente en Brasil y Francia en este 2026 puede llevarnos a remembranzas del Mundial, pero este fin de semana se está jugando algo más que goles y trofeos. La incidencia de lo que ocurre en Brasil supone una enorme trascendencia política, social, económica y ambiental para toda América Latina. En el caso de las manifestaciones en Francia, sus impactos en su vida política y en la de toda Europa serán críticos. En ambos casos, la propagación de lo que ocurre incide mundialmente.

Cuando usted tenga la amabilidad de leer esta columna ya se habrán conocido los resultados de las elecciones brasileñas, en las que no sólo se renueva la Presidencia, sino prácticamente todos los puestos de mando político de ese país. Lo que se habrá dirimido es, en gran parte, la definición del control político de América Latina para los próximos años.

Es consabido que los Estados Unidos han dejado de ser la economía hegemónica del mundo, y que el centro del planeta se está desplazando hacia Asia, especialmente a China. Algo similar ocurrió a fines del siglo 19 con Inglaterra, ante Estados Unidos. En aquel momento, la pérdida de hegemonía británica condujo a un reforzamiento de sus prácticas de dominio sobre la India, Medio Oriente y media África. Si ya no podían controlar al mundo, debían garantizar su poder sobre sus territorios más sometidos. 

Algo similar parece estar ocurriendo hoy con respecto al poder de Estados Unidos sobre América Latina, siendo determinantes los apoyos de la administración de Donald Trump en las elecciones de toda la región. La principal oposición a este control se encuentra en Brasil. Lo que se ha dirimido ayer domingo es la prevalencia de un gobierno que ha privilegiado lo social y lo ambiental (Lula) o la alternancia en favor de un gobierno, de Bolsonaro, que incorporaría a Brasil al “Escudo de las Américas”, que reduzca impuestos a los grandes capitales y fortunas, que desdeñe el cuidado ambiental y que se empate con el argentino Milei en la defensa a ultranza de intereses privados. En el caso del triunfo de Bolsonaro, el gobierno mexicano quedaría aislado en el escenario latinoamericano. 

En cuanto a Francia, las movilizaciones masivas frente al deterioro educativo, la pérdida de derechos sociales y las dificultades económicas de la población (en parte derivadas del alza en los combustibles) han llevado a respuestas gubernamentales similares a las de Jalisco: gases lacrimógenos, cañones de agua, agresión general hacia los manifestantes y la culpabilización hacia ellos mismos, señalándolos como “radicales de izquierda”. De hecho, el problema se deriva de factores económicos: las dificultades financieras de Francia, especialmente en el plano fiscal, han llevado a políticas de “austeridad”, asociadas al deterioro del estado social, en planos tan delicados como la educación y la salud, e inclusive a dificultades de pagos de la deuda pública francesa.

Tanto en Brasil como en Francia la pregunta de fondo es sobre quienes realmente pueden mandar en uno y otro país: los ciudadanos y sus derechos sociales o los dueños del dinero y las leyes del mercado.

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jl/I

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