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En la pandemia, urge el ingreso mínimo vital

Gracias al foro que organizó la senadora Patricia Mercado la semana pasada, la propuesta de un ingreso vital de emergencia cobró aliento en esta larga andadura para hacerlo posible en México, en estos tiempos de pandemia. 

En la antigua Roma surgió la Annona, que consistía en que el Estado romano otorgaba el derecho a cada ciudadano romano que vivía en la ciudad y a su familia a recibir gratuitamente cantidades de trigo, aceite y vino. Nombrada así por la diosa de la abundancia Annona, y estaba la distribución a cargo del praefectus annonae. 

La Utopía de Tomás Moro permitió imaginar un país en el que el Estado cubre los aspectos básicos de la vida para todos los ciudadanos. Ricos, pobres, empleados, desempleados, autónomos: todos obtienen la misma cantidad de dinero, todos los meses. 

Para la Iglesia católica, el destino universal de los bienes comporta un esfuerzo común dirigido a obtener para cada persona y para todos los pueblos las condiciones necesarias de un desarrollo integral, de manera que todos puedan contribuir a la construcción de un mundo más humano. 

Hay una tradición que viene de proveer el sustento “con el sudor de tu rostro” (Génesis, 3-19) hasta la denominada sociedad salarial. Hoy, numerosos partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil defienden el concepto de la renta universal para hacer posible la sociedad del bienestar. 

Esta idea de que contar con lo mínimo para vivir con dignidad no debe ser un privilegio o fruto de la suerte, sino un derecho humano esencial es algo que ya se reflexiona desde hace tiempo. Se sustenta en que la humanidad ha alcanzado un nivel de capacidades productivas que le debe permitir, si se lo propone, garantizar alimentos, vestido, vivienda, movilidad e información adecuados a la vida de una sociedad civilizada y democrática. 

Por la pandemia, está claro que el ingreso mínimo vital (IMV) es parte del concepto de la renta básica universal (RBU), a la que se aspira establecer permanentemente en nuestro país para enfrentar los ciclos de pobreza. 

Martin Luther King decía que la solución de la pobreza es abolirla directamente e indicaba que la medida para lograrlo sería la renta básica universal: “La dignidad del individuo florecerá cuando las decisiones que afectan a su vida estén en sus propias manos, cuando tenga la seguridad de que sus ingresos son estables y ciertos, y cuando sepa que tiene los medios para su autodesarrollo”. 

La propuesta del IMV para la ciudadanía gana cada día más adeptos en las cámaras legislativas para apoyar a la gente a enfrentar la emergencia; los desafíos son los siguientes: 

Primero, modificar el sistema fiscal vigente para incrementar la función redistributiva del Estado. No se trata solamente de que contribuyan más quienes ganan más y han acumulado más capital, sino que esas contribuciones adicionales se dirijan a respaldar el ingreso de los más pobres, y de que esos dineros se pongan a salvo de cualquier desviación con fines electorales. 

Y segundo, ese dinero no debe emplearse para sufragar los proyectos de los gobiernos, sino para ayudar la gente, sin exclusiones ni sesgos políticos ni más intermediación que la indispensable para depositar en las cuentas de quienes lo necesitan para sufragar casa, comida y sustento. 

Siempre se ha tenido la idea de que en este mundo cada quien tiene que valerse por sí mismo, que hay que ganarse el pan con el sudor de la frente y que las dádivas son populistas y son utilizadas con fines electorales. La posibilidad de tener un ingreso mínimo da a las personas una sensación de estabilidad y seguridad. 

oceanoazul@live.com.mx

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