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Agua pasa por mi casa…

Estas últimas dos semanas, labores que deberían ser sencillas se han convertido en un suplicio. Lavar la ropa y los trastes, bañarse, cepillarse los dientes y limpiarse la cara…

No es que antes no fueran un martirio en ciertas colonias o zonas de la ciudad abastecidas por Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (Siapa), pues los reportes que estarían englobados en la actual crisis del agua datan de, al menos, un año atrás, y ha habido varios medios de comunicación que, desde entonces, hemos dado seguimiento al tema.

Pero esta semana tomó otra perspectiva. Medios y periodistas desde otros estados y desde el centro del país empezaron a poner atención a lo que ocurría en la segunda ciudad más importante de México. Y pareciera que, solo hasta ahora, tomó relevancia, o que solo hasta estos momentos los tapatíos comenzamos a organizarnos para exigir agua de calidad.

La realidad es más compleja que eso. Desde hace meses, vecinos de diferentes colonias han convocado y hecho manifestaciones de reclamo por el agua cochina que llega a las casas y los negocios; organismos y entes públicos y privados han reconocido deudas con el Siapa que no han sido pagadas, lo que, junto con lo que han señalado periodistas y expertos sobre el mal manejo de la dependencia (véase por ejemplo el inacabado caso de Eli Castro y su contratador, Antonio Juárez Trueba), tienen también en crisis estructural a la dependencia administradora del servicio.

Además, señalaría para esta escalada la relevancia que el asunto tomó en redes sociales. Cientos de videos y fotos, así como irónicos memes y publicaciones llenas de burla y ese humor que caracteriza al mexicano, proliferaron en las distintas plataformas: agua con color petróleo, llena de sedimentos, en las diferentes gamas de colores ocres, e incluso aquella que, aun transparente, tiene olores a huevo, a óxido, a azufre, a drenaje, que se vuelve más insoportable, si es que eso se pudiera, al usar el agua caliente en vez de la fría.

No sé si alguna vez lo fue, pero en mi adultez, con la memoria clara, el agua que distribuye el Siapa nunca ha sido potable. Potable significa, básicamente, que se puede beber, es decir, que es apta para el consumo humano y animal sin representar algún riesgo. Este último año hasta regar las plantas con esa agua da pena.

Ahora al agua sucia que llega a casa deberemos agregarle un nuevo matiz: la incertidumbre sobre la disponibilidad. El lunes será dado a conocer el sistema de tandeos que, de acuerdo con lo que anunció el gobernador Pablo Lemus Navarro esta semana, tendría una duración de al menos seis meses, con el trabajo paralelo puesto en labores de limpieza, en obras hidráulicas, en un plan hídrico entregado en julio al Congreso y con otro plan, este a largo plazo, entregado este jueves y que incluye la propuesta de la participación de la iniciativa privada en la construcción del acueducto sustituto Chapala-Guadalajara.

Este eufemismo al que llamaron, desde que Enrique Alfaro era gobernador, esquema rotatorio de distribución de agua, nos arroja otras preguntas: ¿qué apoyos extraordinarios tendrán aquellas colonias que resulten más afectadas por los tandeos? ¿Cuáles labores complementarias tienen previstas los municipios? ¿Conagua y Profepa van a atender el llamado hecho por el gobierno de Jalisco para asumir su parte de trabajos y responsabilidad en este complejísimo problema? ¿Proepa qué tiene que decir en este asunto?

Quienes vivimos en el área metropolitana y que además recibimos agua del Siapa estamos ante un dilema que ni siquiera podemos resolver nosotros, pero que plantea una duda que no me he podido sacar de la cabeza y que, seguramente, irá alcanzando a otros lugares del estado o incluso del país.

¿En qué momento esto avanzó tanto hasta llegar al punto en que debemos elegir entre tener agua suficiente o tener agua limpia?

Las respuestas llevarán tiempo.

X: @perlavelasco

jl/I