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22 años

Desde antes de entrar en la universidad tenía en mi cabeza la idea de trabajar en un periódico. Ni siquiera sé realmente de dónde vino eso, más allá de la bellísima historia de amor literario periodístico que tengo con la novela ‘Del amor y otros demonios’, de Gabriel García Márquez, y que ya he contado en otras ocasiones como esa idea germinal sobre contar historias.

En mi casa siempre había un periódico presente. Recuerdo como en sueños de vez en cuando a ‘El Informador’, pero, como buena tapatía nacida en los ochenta, cuando llegó la adolescencia ‘Siglo 21’ fue ese periódico que se metió a casa y ya nunca se fue mientras tuvo vida. Ahora, con los años ya andados en esta profesión, precisamente vine a encontrarme en el camino a varias de esas personas que dieron sus letras y sus imágenes a un periódico que definió a una generación entera. Y ha sido un placer compartir con ellas.

Tengo 22 años trabajando en medios. Comencé como correctora en El Occidental, en 2004. Ahí conocí a amistades que me siguen acompañando y han estado en mi vida hasta ahora. Ahí recibí mis primeras oportunidades de aprender y crecer, y también los primeros cubetazos de realidad, como cuando, después de un período de prueba para ocupar una plaza de reportero, en una junta editorial me dijeron que no creían que aquello era lo mío. Estuve un tiempo más allí, y cuando me di cuenta de que eso que quería, escribir, no se iba a lograr, me fui.

Pasé brevemente por el gobierno federal en un proyecto de monitoreo de medios para las elecciones de 2006 y después me quedé sin empleo. Estuve un tiempo buscando, sin éxito, y fue cuando decidí ampliar mis horizontes y buscar más allá de Jalisco. Mandé solicitudes como reportera a periódicos de Aguascalientes, Nayarit, Colima y Zacatecas; de varios medios de estos dos últimos estados recibí respuesta.

En una historia que no cabría completa, en menos de 10 días terminé mudándome a Zacatecas. Llegué a compartir departamento con una chica que no conocía de nada, con un par de maletas y con ropa para el frío, en abril de 2007. Conocí colegas que después se volvieron amigos. Pude escribir y reportear sobre infinidad de temas, pasando por la muerte de Antonio Aguilar, procesos electorales, homenajes a figuras como Manuel Felguérez, historias conmovedoras sobre niños que se sobrepusieron al cáncer, familias enteras que perdieron su trabajo de toda una vida en inundaciones… y aprendí de periodistas que hicieron de la generosidad su forma de enseñar a quienes en ese momento llegábamos novatos a las redacciones.

Fue en 2008 cuando me invitaron a trabajar a NTR Zacatecas. Un proyecto novedoso que tenía reunidos a los mejores periodistas y columnistas de ese momento. Comencé como editora de la sección nacional e internacional, y gracias a gente que supo ver algo en mí, fui aprendiendo y tomando cada vez más responsabilidades.

Realmente nunca terminé de irme de Guadalajara. Los ocho años que viví en Zacatecas fueron un increíble aprendizaje, pero mi familia materna, muchas amistades, mi ciudad siempre estaban allí presentes. Así que cuando me ofrecieron formar parte de NTR Guadalajara, un proyecto totalmente nuevo y con otras posibilidades y perspectivas, acepté casi sin dudar.

Volví así a Jalisco en 2015. Durante once años y medio he caminado al lado de personas talentosas, éticas, generosas, divertidas, brillantes, profesionales. Y les digo “personas” y no “periodistas" sabiendo con claridad que el periodismo es solo una parte de ellas.

Muchas veces en esta última década quise abandonar la profesión. Tras la muerte de mi hija, en 2016, mi vida dio un vuelco completo. Pero nunca faltó quien, al llegar a la redacción, me llenara el alma de compañía y amor, de risas y abrazos, de palabras, ánimo y perspectiva. Esas personas hicieron (y hacen) que yo siga aquí, creyendo que el periodismo aún puede salvarnos un poquito.

A todos.

 

X: @perlavelasco

jl/I

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