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El manual que nunca debió existir

¿Qué le responderías a un niño si te pregunta qué es un pedófilo? Posiblemente te quedes sin palabras y lo primero que experimentes sea miedo. ¿Cómo le explicas lo que es un feminicidio? ¿O si te pregunta: “¿Por qué desaparecen las personas?”. Ninguna respuesta es sencilla, pero todos esos conceptos, que como adultos esperamos no enfrentar nunca, forman parte del día a día en la información que circula en nuestro país. ¿Estamos listos para responder cuando quien pregunta es tu hijo y no tiene más de 10 años?

En días pasados, el sociólogo e investigador mexicano Luis Félix publicó una herramienta didáctica titulada ‘Manual para hablar con niñas, niños y adolescentes sobre violencia y crimen organizado’, que busca ampliar el panorama de madres, padres, tutores y docentes para poder abordar con los menores la realidad que nos rodea y hablar sin miedo.

De acuerdo con la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), más de 52 mil niños, niñas y adolescentes fueron víctimas de violencia y otros delitos durante el primer cuatrimestre de 2026. Las cifras son lamentables cuando se desglosan, y la violencia sexual y familiar encabeza la lista.

De acuerdo con los criterios de la Convención de Palermo, uno de cada 10 delitos que sufren los menores está relacionado con la delincuencia organizada, y la mayoría de sus víctimas tiene entre 13 y 17 años, un fenómeno que coincide con el creciente reclutamiento forzado en México.

El manual -disponible en línea en el Fondo Resiliencia de la Iniciativa Global contra la Delincuencia Organizada Transnacional (GI-TOC, por sus siglas en inglés)- explora el universo alrededor de los efectos que genera la violencia del crimen organizado: desde los emocionales, económicos y sociales, hasta el desplazamiento forzado. Y aunque es un mal que padecen todas las regiones del país, lo importante es pensar qué estamos haciendo en lo particular para prevenir ser una víctima, más allá de lo que hacen las autoridades.

La pregunta ahora es: ¿Estamos escuchando realmente a nuestras niñas, niños y adolescentes? ¿Estamos realmente presentes en su día a día? ¿Sabemos con quiénes juegan, con quiénes salen o qué publican en sus redes sociales? Debería darnos miedo no saberlo.

Todos estamos expuestos a distintos tipos de violencia todos los días, pero los menores son más vulnerables y, aunque hemos aprendido a vivir con ello, nunca debemos normalizarlo. Es aquí donde la resiliencia nos permite reconocer los desafíos sin minimizar la gravedad de los efectos.

Nadie está preparado para afrontar un acto violento contra un niño, pero como adultos nos corresponde la tarea de ofrecer una sólida red de apoyo y escuchar con todos los sentidos a nuestros niños. Sí, con todos los sentidos, porque algunos de ellos comunican mucho más de lo que parece sin decir una sola palabra. Esto implica dar espacio para que expresen lo que piensan, validar sus emociones, reforzar su confianza, responder a sus preguntas de acuerdo con su edad y observar los cambios a lo largo del tiempo, porque nunca suceden de un día para otro; simplemente, un día nos dimos cuenta de todo lo que dejamos de observar.

La violencia es un mal global, tiene muchos rostros y está en todas partes. Lo importante es aprender y brindar herramientas para identificarla y hablar sin miedo para dejar de normalizarla.

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jl/I

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