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La victoria que no cabe en un trofeo

La vida te sorprende cuando menos lo esperas, incluso cuando crees que nada es suficiente o que el tiempo se agotó. Sin embargo, para quien vive cada día bajo la mirada pública y enfrenta desafíos constantes, el reconocimiento llega. Siempre llega. Charlyn Corral lo tiene muy claro.

La futbolista mexicana es la mujer del momento. De eso no hay duda. Su estatura apenas supera el metro y medio, tiene 35 años, juega para el Pachuca desde 2021 y, después de 20 años de carrera recorriendo clubes en Estados Unidos, Finlandia, España y México, es considerada la Mejor Delantera del Mundo. Los números lo dicen. El momento fue histórico y la fotografía dio la vuelta al mundo: codo a codo con Harry Kane. Charlyn entró a la élite y ahora todo el mundo sabe quién es. Curioso, porque ella siempre lo supo.

Pasaron 70 años para que México llegara al escenario del Balón de Oro. A muchas personas les sorprendió que quien pisara ese escenario por primera vez fuera una mujer. A todas, quizá, menos a la propia Charlyn, que llegó también por todas las futbolistas del país que la antecedieron. Entera, frente al micrófono en el London Palladium, en Inglaterra, agradeció a quienes estuvieron a su lado: su familia, sus compañeras y las personas que la acompañaron en el camino. También pidió un aplauso para Scarlett Camberos, jugadora del América y nominada esa noche. Las mejores figuras del futbol mundial aplaudieron y Charlyn dejó claro que los sueños no solo se cumplen, también se superan. Sin embargo, después de la alfombra roja y las fotografías, la verdadera lección llegó cuando estuvo de regreso en casa.

El trofeo Gerd Müller, el segundo que se otorga en la rama femenil, ese círculo dorado con su nombre grabado en la base y que la reconoce como la Mejor Delantera del Mundo, le recuerda a Charlyn que logró algo que ninguna otra persona futbolista mexicana, hombre o mujer, había conseguido. Pero lo que hizo que aquella mujer, que se había mostrado entera durante la gala del pasado lunes, finalmente se quebrara, fue saber que, después de una vida exigiéndose hasta el límite, a veces sin recibir el reconocimiento esperado, superando desafíos físicos y sobreponiéndose a las críticas, por fin podía estar en paz.

Sí, finalmente hizo las paces consigo misma, con su historia y con aquella niña que empezó a jugar para cumplir expectativas; la que tuvo que asumir responsabilidades que quizá no le correspondían y que maduró antes de tiempo, pero que, a través de todo aquello, se convirtió en la mujer que es hoy. Algo que les sucede a tantas mujeres que han tenido que esforzarse el doble para demostrar su capacidad. Y ahí fue donde todas y todos vimos a Charlyn:

“No debo nada, nadie me debe nada, no tengo rencores con nadie, porque gracias a eso soy quien soy. (...) Quiero sonreír y ser feliz. Quiero que la vida me siga permitiendo vivir de mi pasión y que se sientan orgullosos y sepan que en el país siempre tuvieron una joya, que por momentos valoraron y por otros momentos no tanto, pero que he sido una niña diferente siempre”.

La mujer que ya había ganado un Pichichi en España como la mejor goleadora de la temporada 2017-2018 abre su herida una y otra vez cuando recuerda cuánto le ha costado ser reconocida. Y es ahí donde vuelve a ser simplemente Charlyn, la que espera que, después de toda la euforia, puedan verla a ella.

“Charlyn no solo es goles, es una buena amiga, una buena persona, una estudiante que se preparó académicamente, que se sobrepuso a todos los obstáculos y nunca ha tenido odio en su corazón. Ojalá que aprecien a esa Charlyn, no solo a la de los números, los goles y la que está en la cancha”.

A muchas personas, esa aceptación les llega al final de la vida. A Charlyn le llega en el mejor momento de su carrera, justo cuando espera su versión 3.0 y está convencida de haber saldado las cuentas. Como diría Amado Nervo en su famoso poema de 1916: “¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”.

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jl/I

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