loader

Aprendizajes del agua

Se vive una crisis cuando la cotidianidad se transforma y nos enfrenta a escenarios desconocidos. Eso ocurre hoy con el agua en la urbe de Guadalajara; hemos comenzado a dejar de verla como un servicio garantizado y estamos reconociéndola como un ciclo en nuestro territorio. Si este se encuentra profundamente contaminado, nos devuelve consecuencias hasta nuestros hogares, a través de la escasez y su pobre calidad.

¿Qué estamos aprendiendo o dejando de aprender en esta crisis?

Las autoridades gubernamentales federales y estatales deben comprender que su descoordinación generó un problema importante para sanear las fuentes de agua y su desatención generó injusticias y muerte en los habitantes (humanos y no humanos) de la cuenca del río Santiago.

Desde los años 70 los gobiernos permitieron que se instalara una Zona de Sacrificio Ambiental en esa cuenca, algo que debe dar marcha atrás porque hay otros ríos y lagos que están conectados, como Las Pintas o el lago de Cajititlán y otros que podrían sufrir la misma suerte.

Los ciudadanos debemos aprender a leer integradamente el ciclo del agua, de manera que nos queden claras las zonas de infiltración y de cuidado como Los Colomos y el valle de Atemajac, entre otras.

Por otro lado, de las soluciones emergentes, como los tandeos hemos aprendido que el agua no llega de la misma manera a todos. En las zonas altas y muchas colonias la falta de presión impide que el líquido alcance los hogares; en otras, los calendarios de distribución no se cumplen y las familias pasan semanas sin recibirlo. A ello se suma la mala calidad del agua, que en ocasiones llega turbia, oscura o con malos olores. Quienes no cuentan con cisternas deben comprar pipas o recurrir a otras alternativas, con costos que afectan especialmente a las familias de menores ingresos.

Las autoridades deben saber que una imprecisión en la información de los tandeos genera desconfianza en ellas y aumenta el descontento.

Pero los ciudadanos debemos aprender a cuidar el agua en las casas y en nuestros oficios. Hemos instalado tinacos y tambos para reutilizar el agua, recolectarla en la ducha y restringir actividades cotidianas, incluso hemos suspendido el riego de plantas. Nos hemos organizado con vecinos para hacer reportes colectivos, comprar pipas y para exigir respuestas por medio de movilizaciones. Pero debemos hacer un plan de cuidado también desde nuestra vida productiva.

A partir de esta crisis hemos aprendido que las soluciones a la escasez, calidad y distribución equitativa del agua no se resuelven solo con dinero y menos con un solo gobierno.

Los ciudadanos debemos dar continuidad a los aprendizajes que hemos obtenido en esta crisis. Debemos responder ¿qué estamos aprendiendo a transformar, individual, colectivamente y exigir a las autoridades, para que el acceso al agua sea parte de un futuro deseable, parte de un paisaje democrático y hermoso con ríos y lagos sanos?

[email protected]

jl/I

Lo más relevante

Te recomendamos

Artículos de interés

ASF señala anomalías por $912.5 millones
Sentencian a tres por violencia familiar 
Lo condenan por robo y lesiones a dos policías
OCULTAR