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Terror y patetismo 

“En el montón de esta mañana, hay una fotografía de lo que puede ser el cuerpo de un hombre, o de una mujer: está tan mutilado que también pudiera ser el cuerpo de un cerdo. Pero éstos son ciertamente niños muertos”.  

Virginia Woolf escribió esas líneas en 1936 y, en nuestra cotidianidad mexicana, siguen siendo vigentes. “El patetismo, en su aspecto narrativo, no se desgasta”, nos recuerda Susan Sontag. 

La semana informativa fue marcada a fuego por la salida de Evo Morales de la Presidencia de Bolivia y la indignación social por el asesinato de la familia LeBarón. 

En una sociedad cada vez más mediatizada, nadie se guardó nada. Columna, tuits, charlas… La oportunidad de expresar las diferencias fue la constante. 

No hubo pocas. Acaso demasiadas frases dignas para el estribo:  

“Masacran a 6 niños y 3 mujeres, y en redes los acusan de andar en malos pasos; ‘linchamiento’ vs. una misión internacional de organizaciones por cuestionar al presidente sobre su trato a la prensa y elección de la nueva titular de la CNDH bajo sospecha de fraude. Todo en 1 semana”. 

La gran periodista Marcela Turati hace el sumario de días aciagos. El que se encuentre libre de culpa que arroje el primer tuit. 

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“El fracaso del lenguaje no es otra cosa que la derrota de las ideas, la incapacidad de nombrar y por lo mismo de comprender lo que está sucediendo. Cuando las palabras se agotan o, peor aún, se desgastan, quedamos indefensos ante la realidad que nos rodea”. 

Mi querido Diego Petersen anda en una columna parte de la dificultad intelectual y periodística ante el horror. 

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“No puede ignorarse el riesgo de que en los sectores populares comience a germinar un anhelo de mano dura. El principal peligro político para López Obrador, me parece, reside allí: el miedo de la población a la violencia y el oportunismo de algún Bolsonaro, civil o militar, dispuesto a responder a ese llamado. Esta semana el brutal asesinato de mujeres y niños de la familia LeBarón, que sacudió a la opinión pública, seguramente aumentó las filas de antilopezobradoristas en busca de una solución radical”. 

Jorge Zepeda escribió para El País una columna imperdible titulada “El adversario oculto”. El novelista y editor advierte fuerte y claro. “Cuidado: el miedo es más poderoso que la esperanza”. 

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La escritora Alma Delia Murillo se desquita, por todos nosotros, con un tuit: 

“No todos los políticos son iguales: unos son mierda de derecha, otros son mierda de izquierda, y los hay –cómo no– que son mierda de centro”. 

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“¿Quiere usted purificar su pasado como uno de los políticos más corruptos de nuestro país? Consígase una novia joven, rubia y simplona; póngala en la portada de @holamexico ¡voilà! Es usted nuevamente bienvenido en sociedad”. 

Fernanda Dudette lanza un dardo sobre la figura de nuestro engominado ex presidente Enrique Peña Nieto. 

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“Justificar un golpe de Estado por su odio hacia Evo Morales es miserable. Hay quien no sabe diferenciar entre simpatía política y democracia”. 

El analista Enrique Toussaint pone los puntos sobre las íes en la polémica ensordecedora alrededor al asilo político del ex presidente de Bolivia. 

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Y finalmente la joya intelectual e histórica (puro sarcasmo puro) del diputado local Salvador Caro. 

“A ver, parece que no estoy entendiendo algo: el asilo político es para proteger víctimas de dictaduras o a dictadores? Pienso en Franco y en Pinochet, nosotros recibíamos a las víctimas de esos dictadores. No?”. 

acs@ntrguadalajara.com

jl/i