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Cuando la narrativa se impone

Los liderazgos carismáticos han hecho acto de presencia en un momento en que el agotamiento de algunas instituciones, como lo son los partidos políticos, pierden de forma paulatina la conexión con los votantes. Una gran cantidad de circunstancias han marcado esta tendencia internacional de pérdida de confianza e interés de los ciudadanos respecto de las ofertas que tradicionalmente han mediado los intereses de la ciudadanía en los procesos electorales. De esta forma el carisma de ciertos líderes se ha logrado presentar como una alternativa de voto para muchos ciudadanos que no encuentran apego con las agotadas propuestas de los partidos políticos convencionales. 

Tomando en cuenta el peso del carisma, la narrativa juega un papel esencial en el afianzamiento de los exponentes de una línea que logra captar el interés y, mejor aún, la intención de voto que va sustituyendo la tradicional estructuración institucional partidista, por líneas de acción definidas por el líder, con lo que el funcionamiento ideal de organización de partido, con reglas institucionales y operación reconocida, queda al margen en función de la articulación con el líder carismático. 

Los efectos de la narrativa, en el caso de México, efectivamente obedecen a un criterio de seguimiento con un espectacular carisma que ha logrado afianzar el presidente de México, desde sus épocas de jefe del Gobierno de la Ciudad de México en que, a través de sus bandos informativos, revolucionó y modificó los mecanismos tradicionales de comunicación política que existían hasta entonces. 

A partir de ese momento, la influencia sobre la agenda nacional ha sido un ejercicio que se ha desarrollado con un alto grado de incidencia y, que ahora, desde el poder administrativo, se ha fortalecido y multiplicado. 

En las últimas semanas, el efecto de temas no controlados por la narrativa tenía que ver con la economía internacional de nuestro país. Independientemente de un precario crecimiento económico, súbitamente surgió la demanda por parte de Estados Unidos y Canadá, respecto de la operación de energías sucias, principalmente las de nuestro país, y la falta de competitividad internacional de los vecinos del norte, que se desarrolló con las consultas sobre la materia y que nos proyectará a una zona de conflictos comerciales. 

Por otra parte, el tema de la inseguridad social por la acción estructurada de grupos del crimen organizado en las semanas recientes y la falta de estrategias claras gubernamentales para su contención, constituyen uno de los escasos puntos de crítica a la actual administración, sin una clara resolución, fortalecieron delicados puntos sin un manejo narrativo. 

Septiembre es el mes del informe presidencial. Dos eventos están dentro de la narrativa, el informe en primer término y después el desfile conmemorativo de la Independencia de nuestro país, en el que habrá anuncios relacionados con los dos temas fuera de la narrativa. 

De igual forma, septiembre es el mes conmemorativo de uno los actos oprobiosos de nuestra historia reciente, la desaparición de 43 estudiantes en Iguala, Guerrero, en 2014, que sigue sin explicaciones y que cada año, constituye un punto importante de reclamos legítimos de los familiares y la sociedad. 

Desarticular anticipadamente el factor Ayotzinapa genera las condiciones de sostener una línea de la argumentación narrativa que se ha mantenido, casi sin consecuencias en lo que va de esta administración. 

La narrativa no sustituye a las acciones efectivas de las políticas públicas que deben establecerse dentro de una línea de gobierno y, el país, no es una extensión de un partido político. ¿Los anuncios del 16 de septiembre apuntarán, no a la narrativa, sino a la definición de políticas públicas que aborden por lo menos el rumbo de una administración resolviendo economía y seguridad? 

armando.zacarias@csh.udg.mx

jl/I