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Crisis, sin culpables en Jalisco

Jalisco está sumido en crisis sin culpables y con pocos o ningún sancionado. Funcionarios y ex funcionarios públicos, empresarios y ciudadanos atizan las crisis, sin que ninguna autoridad los haga cumplir las normas. La llamada cultura de la legalidad es un mito en muchos casos. La impunidad se alimenta de la corrupción, la falta de voluntad política e instituciones débiles.

Pongamos tres ejemplos, sin ser los únicos:

1. La crisis en el abastecimiento de agua potable para el Área Metropolitana de Guadalajara. Los expertos señalan que el agua contaminada que afecta a más de un millón de personas es resultado de años de omisiones, malas decisiones y corruptelas. Sin embargo, no se identifica quiénes, con cargo, nombre y apellidos, deben asumir la falta de mantenimiento a la Planta Potabilizadora de Miravalle; ni cuáles son las empresas inmobiliarias culpables de las descargas de agua contaminada al canal y la presa de Las Pintas; a quiénes señalar por las corruptelas en el Siapa, la falta de previsiones para garantizar el abasto de agua limpia, y un largo etcétera.

2. La crisis de personas desaparecidas en la entidad. Son miles las familias afligidas por no saber del paradero de uno o más de sus integrantes, durante meses o años. Si bien se reporta de vez en vez que se localizaron a tantas o cuantas personas, en el caso de las privadas de su libertad por grupos criminales, casi siempre con la complicidad de integrantes de fuerzas de seguridad, son pocos los responsables que pisan la cárcel. ¿Cuántos criminales que destazan cuerpos y los han enterrado en más de 200 fosas clandestinas de Jalisco están libres? Los empleados que sí investigan las desapariciones están abrumados por el exceso de trabajo, la falta de personal y recursos, y las presiones internas. Las desapariciones y la crisis forense son parte del espectro de la inseguridad en Jalisco.

3. Las crisis ambientales cubren el territorio jalisciense y asolan el bienestar de la población. Estudios y denuncias sobran acerca de los daños que se infligen al lago de Chapala, a los bosques La Primavera y El Nixticuil, a ríos como el Santiago, Milpillas, Zula y Ayuquila o el urbano Arroyo Seco; al aire metropolitano de Guadalajara afectado por diversos contaminantes; a humedales en riesgo de sitios como la laguna de Sayula; a suelos degradados por agroindustrias como los cultivos de ‘berries’, agaves y aguacates; a regiones como el sur de la entidad, a las sierras de Quila y Manantlán, asediadas por talas ilegales; a sitios de diferentes municipios convertidos en basureros sin control; a la costa norte y Puerto Vallarta, que pierden manglares y esteros, en otro largo etcétera. ¿Culpables? No se sabe de nombres y sanciones. Y si los hay, se ocultan o son mínimos. Personas, negocios, industrias, atentan contra la naturaleza.

Diversas crisis lastiman a la parte del planeta que ocupamos. Dañan poblaciones, flora, fauna, riquezas naturales. Perjudican el presente y amenazan la vida en el futuro cercano.

Habrá quienes dirán que a ellos o ellas no los afecta nada de lo señalado. A una persona podrán desinteresarle las desapariciones, por ejemplo, hasta que no sea una de las víctimas, o bien una persona cercana; entonces, tal vez, empiece a comprender la gravedad de lo que sucede y que le parecía ajeno.

Crisis como las expuestas y otras no son solo individuales; son, ante todo, colectivas y, en sí, alimentan la profunda crisis humanitaria.

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jl/I

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