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En la cuerda floja 

Desde su nominación, su campaña electoral, su eventual triunfo en el Colegio Electoral en noviembre de 2016 (no con el voto popular) y su llegada a la Presidencia de los Estados Unidos el 20 de enero de 2017, la figura de Donald John Trump no ha estado exenta de controversias, escándalos y altercados. Con una trayectoria en el mundo empresarial, pero con nula experiencia política, ahora su arribismo le está cobrando factura por su actitud pendenciera y megalómana. 

Después de que los republicanos de la Cámara de Representantes han trivializado las acusaciones contra Trump y confiados en su mayoría en el Senado (que al final se erigirá en jurado para dar cumplimiento al juicio político), por fin los demócratas, encabezados Nancy Pelosi, emitieron una resolución para llevarlo a un juicio político (impeachment), acusado de dos cargos. En la resolución de dos artículos, el primero lo acusa de abuso de poder: “Utilizando los poderes de su alto cargo, el presidente Trump solicitó la interferencia de un gobierno extranjero, Ucrania, en las elecciones presidenciales de 2020 en los Estados Unidos (al) solicitar al gobierno de Ucrania que anunciara públicamente investigaciones que beneficiarían su reelección”, con el fin de obtener beneficios políticos personales. 

En su artículo segundo (“obstrucción del Congreso”) establece que, ante la solicitud de documentos y testimonios de agencias y oficinas del Ejecutivo, “sin una causa o excusa legítima, el presidente Trump ordenó a las agencias, oficinas y funcionarios del Poder Ejecutivo que no cumplan con esas citaciones”, obstruyendo así la función de la Cámara de Representantes de cumplir el derecho constitucional a enjuiciar al presidente. 

El documento concluye que, con estas conductas, el presidente Trump “ha demostrado que seguirá siendo una amenaza para la Constitución si se le permite permanecer en el cargo, y ha actuado de una manera extremadamente incompatible con el autogobierno y el estado de derecho”. 

Con su habitual pedantería, Trump se ha referido al juicio político como un circo, pero muy aburrido; mientras los republicanos y sus aliados lo defienden a capa y espada. Para su descargo, argumentan que en la historia gubernamental de ese país el procedimiento sería apenas el tercero (antes fueron Johnson y Clinton; Nixon renunció antes de ser enjuiciado), banalizando y deslegitimando las acciones tomadas por sus adversarios, lo que al final se traduce en enfrentamientos de republicanos y demócratas, los primeros con opiniones y los segundos con datos reales. 

Por otro lado, el posible juicio político de Trump ha polarizado la opinión pública en Estados Unidos. Recientes encuestas (Quinnipiac University, Monmouth University, CNN) han revelado que entre 45 y 54 por ciento de los electores encuestados indicaron que no quieren ver a Trump acusado ni destituido del cargo. Entre las mujeres, la mayoría está a favor del juicio político, mientras que la mayoría de los hombres está en contra. Por otro lado, el juicio político ayuda a Trump en sus aspiraciones electorales en tres estados clave donde Biden le llevaba ventaja: Michigan, Pennsylvania y Wisconsin. 

Algunos analistas ven con alarma que Trump, con la ayuda de los senadores republicanos, logre salir avante y sea exonerado. Consideran que con ello se subvierten los principios institucionales de la democracia norteamericana y se traicionarán los principios establecidos por los padres fundadores. Incluso, un pequeño grupo de representantes demócratas no están tan convencidos de enjuiciar a Trump, sino solo hacerle una moción de censura (solo se necesitan 18 votos para impedir que sea removido del cargo). Lo cierto es que Trump, de salir airoso del juicio político, estará electoralmente mejor posicionado para una eventual reelección. 

Si bien hay más posibilidades que Trump sea exonerado de los dos cargos de que le acusan los demócratas, ¿qué pasaría si Trump es destituido del cargo? Lo único seguro es que sería el primer presidente en la historia de EUA en ser destituido y Mike Pence lo sustituiría, lo demás, ¿quién sabe? 

iortizb@gmail.com

jl/I