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Preparen, apunten... Cienfuegos

Entre los últimos reductos en que la sociedad tenía mayor confianza por no asociarse a corrupción o crimen organizado se encontraban el Ejército y la Marina, pero en los últimos años han perdido esa ventaja al mantener contacto directo con los principales capos. 

En 2002 diversas encuestas corroboraban que 76 por ciento de los mexicanos confiábamos en la iglesia, 66 en los sacerdotes y –en tercer lugar– seis de cada 10 mexicanos teníamos confianza en el Ejército. En 2019, el primer lugar en confianza lo alcanzaron las universidades, con 73, el segundo lugar fue para el Ejército y el presidente de la República; la iglesia, con 69, pasó al tercer lugar. 

La detención del general Salvador Cienfuegos, ex secretario de la Defensa Nacional, en Los Ángeles parece del todo extraña, ya que hasta al gobierno mexicano se dijo sorprendido. Lo cierto es que, para evitar filtraciones, las autoridades estadounidenses no habían informado a las autoridades mexicanas. 

El Ejército realiza operativos de combate al narco e inevitablemente se convierte en blanco de alianzas o tratos especiales con los grupos más poderosos e influyentes del crimen organizado. Así se expone a los militares a las tentaciones de corrupción y hasta de proteger a los capos. 

En el pasado reciente, justo en medio del proceso electoral 2012, el procesamiento de cuatro generales y el teniente Isidro de Jesús Hernández por el delito de delincuencia organizada y proteger al cartel de los Beltrán Leyva afectó a los generales Tomás Ángeles Dauahare, Roberto Dawe, Ricardo Escorcia y Rubén Pérez Ramírez. El general Ángeles, en un evento sobre seguridad en el que estaba el ex presidente Peña Nieto, criticó públicamente la falta de objetivos definidos en la lucha contra el crimen organizado. “Me atrevo a decir que no tenemos estrategia de seguridad nacional” (El País 31/07/2012). En ese momento se consideró la detención de los militares como “una operación política para desacreditar al general Ángeles y apartarle de la élite militar que podría acompañar al próximo presidente de México”. 

¿Cómo explicar que el actual gobierno no se hubiese enterado de la detención del ex secretario de la Defensa Nacional en tiempos de Peña Nieto, Salvador Cienfuegos y su reacción no se haya considerado como afrenta para México? 

Aunque el presidente criticó la detención hecha en Estados Unidos, afirmó el pasado viernes: “Esto es una muestra inequívoca de la descomposición del régimen, de cómo se fue degradando la función pública. Estamos limpiando, purificando la vida pública, pero estaba muy avanzada la enfermedad” (BBC News 17/10/20). Hoy es el momento de la revancha de AMLO. 

Que haya señalamientos contra los mandos del Ejército en México se ha convertido en algo normal, lo mismo el hecho de que se armen escándalos y que no haya sanciones efectivas para inhibir los tratos de militares y cabecillas de los grupos criminales. La detención de un militar de tan alto rango en Estados Unidos es una afrenta, primero porque demuestra que la justicia en México es blanda y ciega ante delitos de sobra conocidos frente a los que las instituciones no se aplican a documentar ni procesar adecuadamente. 

Es lamentable que se haya mantenido el sigilo en Estados Unidos y que el gobierno ignorara totalmente el operativo, porque los socios comerciales no confían en las autoridades mexicanas, particularmente en lo que respecta al control del crimen organizado y la seguridad. Finalmente es una vergüenza, porque mientras en México estamos pensando en hacer encuestas para enjuiciar o no a los ex presidentes, la detención del ex secretario Cienfuegos pone de manifiesto que la máxima autoridad militar del gobierno de Peña Nieto estaba coludida con grupos del crimen organizado. 

jjeosoriog@gmail.com

jl/I