Hay horizontes electorales que en la actualidad constituyen desafíos importantes para el mantenimiento y el sostenimiento de regímenes democráticos, especialmente los desarrollados después de la Segunda Guerra Mundial. El desarrollo de las economías posteriores del conflicto mundial generó una serie de acuerdos de crecimiento y sostenimiento de las economías internacionales dentro de un complejo margen de paz, ante la división planetaria de dos modelos de régimen.
Así, occidente y oriente desarrollaron estrategias de pacificación con permanente tensión del poderío nuclear y de impulso a los proyectos de desarrollos nacionales. El cambio de régimen, fundamentalmente con la caída del régimen soviético, marcó una transformación pujante en los nuevos equilibrios planetarios. La transformación de la economía y de la tecnología surtieron efectos importantes y, en la dimensión social, los cambios de estructuras en las que vivían las sociedades, principalmente sus clases medias, se modificaron de manera sustancial. La economía personal directa, producto del resultado de las políticas puestas en funcionamiento, constituyen ejes poderosos que marcan la elección de afinidades de los ciudadanos con los partidos políticos.
Estados Unidos llega a su fase de elecciones intermedias con mayoría republicana, con el presidente Trump como cabeza de tendencia en estas elecciones que elegirán a la Cámara de Diputados y un tercio de la cámara de Senadores. La relevancia que tiene la elección de medio término tiene que ver con la configuración de esquemas de control sobre los procesos políticos, económicos e internacionales que, durante el mandato de Trump, no han tenido ningún elemento de contrapeso y que, desde la perspectiva de la oposición, la falta de negociación con las representaciones políticas ha mantenido una unidireccionalidad en la conducción de las políticas públicas de ese país.
El efecto que han producido las políticas desarrolladas por el presidente republicano mantiene un resultado de percepción negativa frente al electorado norteamericano. Llega con 38 por ciento de aceptación del electorado estadounidense. Ciertamente no se trata de una elección presidencial, sin embargo, el efecto y el carisma que pueda tener el presidente en turno constituye un aporte muy considerable para generar expectativas en el ánimo de los electores.
Considerar que los escenarios en los que o los demócratas o los republicanos se hagan con la victoria, se trataría o bien de un endurecimiento de las políticas, muy particularmente arancelarias y migratorias para nuestro país, acentuando un escenario de incertidumbre en las negociaciones comerciales, particularmente con efectos sobre el TMEC, con la inclusión en las negociaciones comerciales de los temas políticos y migratorios que han impulsado los republicanos.
Sin que el triunfo de los demócratas constituya una panacea para el gobierno mexicano, se vislumbra, ciertamente, un escenario de menos tensión en lo político, sin dejar de tener las obligaciones que se han expuesto en los últimos años, pero sin una presión extenuante, que es con la que la actual presidencia mexicana ha tenido que lidiar de manera cotidiana.
En el campo de las predicciones se proyecta una elección norteamericana con una delantera estratégica de los demócratas. Lo importante es la consolidación del modelo democrático y la proyección de representatividad ciudadana como soporte del régimen político.
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