INICIO > OPINION
A-  | A  | A+

México, paraíso de la violencia contra las mujeres

Mientras el Inegi anunciaba, hace algunos días, que la percepción de inseguridad ha disminuido hasta los índices que se registraban durante el sexenio de Felipe Calderón, Rosa Icela Rodríguez, la secretaria de Seguridad del gobierno federal, nos daba una “buena noticia”: durante septiembre, los feminicidios en México tuvieron un descenso de 63 por ciento con respecto al mes anterior. La mala noticia es que, en términos reales, la violencia contra las mujeres ha ido en aumento en los últimos años y las alertas de género que se han implementado en algunos estados de la República han servido de muy poco. 

Celebrar la disminución del número de mujeres asesinadas nos da una idea de la situación que guarda este gravísimo problema, y la pasividad y el letargo de gobiernos y entidades privadas para asumir su responsabilidad. El asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres es el último eslabón de una cadena que se construye desde lo esencial, con palabras, pequeños hechos, actitudes y omisiones que se toleran en todos los espacios de nuestra vida: en el hogar, en la oficina, en el bar, en la escuela, en la política y en las calles. 

En México estamos acostumbrados a celebrar los chistes misóginos, los comentarios machistas y las acciones que colocan a la mujer en un lugar de sometimiento y cosificación sexual. Se trata de un tipo de violencia que ejercemos, decimos y repetimos en privado y en voz baja, no porque estemos convencidos de lo que representa la perspectiva de género, sino porque este tipo de conductas son cada vez más castigadas y señaladas, por fortuna. 

La violencia contra las mujeres era tan poco relevante en México que fue apenas hasta la década de 1990 cuando se comenzaron a recabar datos e información sobre este problema social, de salud pública y de derechos humanos. En plena pandemia de Covid-19, a finales de 2019, el propio Inegi reportó cifras terroríficas: 66.1 por ciento de mujeres mexicanas mayores de 15 años fueron violentadas de alguna manera, en 44 por ciento de los casos la violencia provino de su pareja o esposo. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud, de marzo del presente año, las estimaciones mundiales indicaban que 30 por ciento de las mujeres habían sufrido violencia física y/o sexual. Es decir, en México duplicamos la media mundial. 

Según el propio Inegi, 3 mil 752 mujeres fueron asesinadas en 2018, la cifra más alta desde 1990. En septiembre de 2021, el registro de la percepción de inseguridad en espacios físicos fue mayor en el caso de las mujeres: 80.2 por ciento de las entrevistadas dijo sentirse inseguras en los cajeros automáticos y 73 en el transporte público, en el caso de los hombres los porcentajes disminuyen considerablemente hasta 68 y 63, respectivamente. 

Si bien en los últimos años se han llevado algunos esfuerzos por parte de gobiernos y organizaciones de la sociedad civil es claro que como sociedad hemos fracasado en la encomienda de dar protección especial a las mujeres, porque es un hecho que ellas siguen sufriendo muchas más vejaciones, violencia y represión que los hombres. 

El año pasado la situación de confinamiento provocado por la pandemia de Covid-19 alertó a gobiernos y organismos independientes sobre el incremento de la violencia contra mujeres y niñas en los hogares de México. La Red Nacional de Refugios confirmó que tan sólo en los primeros cinco meses de 2021 más de 13 mil mujeres huyeron de casa con sus hijas e hijos debido a la violencia que enfrentaban. De esta forma, México es un paraíso para la violencia de género y, no obstante, no terminamos de aceptar el impacto que esto genera en la vida de las víctimas y en sus círculos inmediatos como la familia, los amigos y la comunidad. 

juanluishgonzález@gmail.com

jl/I