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Ante ómicron, el egoísmo es el enemigo a vencer

La palabra pandemia deriva del griego y se compone de dos términos, pan y demos, que se traducen como todos y pueblo, para indicar una enfermedad tan extendida que afecta a toda la humanidad y no sólo a una parte de ella. La pandemia, por tanto, no concierne sólo a una región del mundo, sino a su totalidad y, por eso mismo, debe afrontarse como un problema de salud global. 

En un mundo globalizado son necesarias políticas de salud pública que traspasen las fronteras nacionales y establezcan las bases de una ciudadanía planetaria. 

Debemos hacernos la pregunta de si el mundo se está sumergiendo en una nueva era de pandemias, de la que el Covid es sólo el inicio. Pareciera que con la cepa ómicron estamos en la “crisis del Antropoceno”. En otras palabras, en una crisis de civilización. 

Aún no se sabe qué tipo de amenaza representa realmente la variante ómicron, pero el descubrimiento de esta cepa de coronavirus, potencialmente más transmisible y capaz de evadir las vacunas, en Sudáfrica y Botsuana, generó una gran espiral de pánico en el planeta. 

El Centro de Innovación y Respuesta a Epidemias (CERI) de Sudáfrica en una rueda de prensa explicó al detalle la secuenciación de la nueva cepa, mientras que la variante beta del coronavirus tenía tres mutaciones en su pico, desde el cual el virus invade las células del cuerpo humano, y la variante delta sólo tenía dos mutaciones, ómicron tiene 10. 

Ante esta situación, Estados Unidos, Inglaterra y varias naciones de la Unión Europea se apresuraron a adoptar la medida más simple y sencilla: suspender los vuelos desde y hacia las naciones africanas. Los principales objetivos son Sudáfrica, Zimbabue, Zambia, Angola, Mozambique, Botsuana y Lesoto. 

Tulio de Oliveira, director del CERI, sugiere que se debe reconocer que el hecho de que el virus se haya secuenciado en el continente africano no significa que se originara allí. 

Los periodistas Mia Couto y José Eduardo Agualusa señalan que “el día que Europa prohibió los vuelos desde y hacia Maputo, Mozambique había registrado cinco nuevos casos de infección, cero hospitalizaciones y cero muertes por Covid-19”. En otros países del sur de África la situación fue similar, y en la mayoría de los países europeos enfrentaban una ola de nuevas infecciones. 

Además de “culpar a los africanos”, la tendencia en occidente es proteger las ganancias por encima de las vidas; y evitar medidas de solidaridad internacional. Se permite a las grandes corporaciones farmacéuticas controlar la producción de vacunas y no se contempla la medida viable que reduciría rápidamente la pandemia: vacunar adecuadamente a todos los habitantes del planeta. 

En la nueva era de pandemias, la causa esencial no serán los nuevos virus, sino las viejas lógicas de enfrentar los problemas. Para Antonella Viola, periodista de La Stampa, el juego que estamos jugando tiene tres jugadores: “La ciencia”, que hasta ahora ha hecho su parte, bien y en momentos excepcionales; el “virus”, que al multiplicarse se transforma en mutaciones, que también juega bien su papel; y la “política”, que hasta ahora sólo ha perseguido al virus con medidas tardías. 

Mientras que en el mundo rico incluso los jóvenes sanos están siendo vacunados con terceras dosis, en África sólo 11 por ciento de la población ha recibido al menos una dosis, y países como Mali o Burkina Faso apenas alcanzan 3 y 2 por ciento respectivamente. Los científicos lo han advertido claramente desde hace tiempo: no enviar vacunas a países pobres significa condenarse a perseguir variantes de SARS-CoV-2. Y ahora lo sabemos, el virus corre mucho más rápido que el sector salud. 

oceanoazul@live.com.mx

jl/I