Estoy de acuerdo con quienes afirman que para defender todo lo que nos están quitando, y aquí pienso sobre todo en el agua, es necesaria la rabia. No recuerdo un tiempo en el que estuviéramos más enojados. Es un sentimiento que parece trastocar todo en el presente.
Pero justamente intentando abrir los canales de mi entendimiento a otro sentimiento que no fuera ese para acompañarme en este momento histórico, entré con mis amigas a ‘Vestigios de un mundo por venir’, de la autora mexicana (tapatía) Mónica Nepote.
Este es un libro que recupera una serie de ensayos, a veces en tono narrativo y a veces en tono poético, que Mónica escribió por años en varios talleres y blogs donde explora la ecoescritura, es decir, las formas en las que entiende, explora y explica su relación con los otros seres vivos humanos y no humanos a su alrededor. Y en esa escritura se cuelan también, naturalmente, sentimientos de desesperanza, angustia e incertidumbre constantes.
Claro: estamos viendo en tiempo real cómo se secan los ríos, cómo se contaminan los campos, cómo se acaba el cielo como lo conocíamos. La desesperanza es apenas entendible. Ya no existe forma de escaparnos de esos sentimientos cuando hablamos del agua, la tierra, la siembra, el bosque, el aire, el sol. Estamos rodeadas constantemente de depredación. No podemos dar por hecho absolutamente nada.
Sin embargo, Mónica, con este libro, es capaz de hacer algo que ocurre con la danza en relación al cuerpo: haciéndote consciente de algo que había estado allí a tu lado todo el tiempo, haciéndote sentir partes de ti mismo que no conocías: te revela que has estado siempre en contacto con eso que llamamos naturaleza o paisaje, o lo salvaje y que sin darte cuenta todo aquello ocupaba un lugar importante más allá del uso útil, tenía un espacio afectivo: el parque que visitabas con tu mamá, el árbol en el que tu abuelo te hizo un columpio.
En esa revelación, Mónica Nepote declara que todas habíamos estado conectadas. Que aunque no te sientas defensor ambientalista, tu memoria de vida también depende de los animales, las plantas, los hongos, las piedras erosionadas que te rodean y de todas las personas que dedican el cuerpo y la vida a cuidarlos y a defenderlos.
Esa visión no tiene nada que ver con el enojo, tiene todo que ver con la esperanza.
Leer a Mónica es entrar en comunicación de nuevo con todo aquello. En varios momentos señala que el bosque –pero digamos la montaña, el río, el mar– son textos que hay que aprender a leer. Y para hacerlo, propone, esta lectura requiere humildad. Que el lector entre en ellos con la certeza de que se adentra a algo que puede no comprender del todo. Para que pueda entender mejor el mundo que le rodea debe renunciar a la conquista: a demostrar que puede llegar a la cumbre más alta, para que pueda entonces escuchar, sentirse observado, saber verdaderamente el papel que juega en todo aquello y salir transformado en algo más. En, como dice Mónica, “un cuerpo que primero es parte de otro cuerpo, y luego un cuerpo que pertenece a un territorio, con el dolor de existir allá afuera”.
El libro fue coeditado por la Secretaría de Cultura de Jalisco y Montzalez Editores. Se puede comprar en la Librería Mariano Azuela del Ex Convento del Carmen en Guadalajara a 200 pesos.
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