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El 12 de octubre

Mañana se aglomerará mucha gente en la Catedral de Guadalajara y, como todos los años, al día siguiente un nutrido contingente acompañará a la pequeña imagen de Zapopan hasta la basílica de dicha localidad.

Asimismo, debería celebrarse el 98 aniversario de la fundación de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad de Guadalajara, cuyos fundadores, según lo afirma David Piñera, quien más y mejor ha estudiado el tema, fueron quienes tenían “mayor claridad y consistencia en ese tiempo del espíritu revolucionario y una mayor conciencia de los cambios que deberían plantearse en la sociedad”.

Pero también es el día de la raza, en recuerdo del día que se supone que Cristóbal Colón pisó tierra americana y comenzó la avalancha de españoles.

Mi profe de historia en la secundaria decía que, con anterioridad, campeaba aquí la “raza de bronce” y luego “los españoles se robaron el bronce y quedó la pura raza…”, a partir de ahí no estoy seguro de que los americanos con fuertes raíces indígenas y quienes se solidarizan con ellos tengan mucho que festejar.

Como la gran trascendencia de todo lo que ocurrió después, bueno, malo o regular, es más que evidente, al comenzar los años 80 del siglo pasado el gobierno de México no escondió la cabeza cuando España quiso celebrar el quinto centenario del descubrimiento.

Tal parecía que, para ellos, lo que había originalmente aquí carecía de valor. “América estaba en el paleolítico”, han dicho sabios hispanos haciendo gala de un complejo de superioridad y de una crasa ignorancia.

La comisión mexicana, encabezada por León-Portilla, le puso el cascabel al gato… Reviramos con el planteamiento de conmemorar (traer a la memoria), lo cual es inevitable, el quinto centenario del encuentro de dos mundos que se habían mantenido al margen el uno del otro. No debe perderse de vista que, entre muchas cosas, trajo consecuencias terribles para los aborígenes. No se pretendía negar la historia, sino asimilarla para realmente ayudar a entender el presente en el que sobreviven muchos vestigios prehispánicos que forman parte de nuestra identidad…

El caso es que la comisión mexicana, después de ser vapuleada en un primer encuentro, en 1985 en la reunión de Buenos Aires, volteó por completo el chirrión por el palito y el principio que se estableció acabó comprometiendo incluso a unos mejores españoles.

Lo cierto es que ha habido de todo en este medio milenio: desde muchos amores hasta verdaderos encontronazos. Supongo que a veces la culpa ha sido de los americanos, pero las más de las veces se debe a la contraparte que no pierde su complejo de superioridad y se horroriza cuando les ponemos las peras a cuarto… Así fue hace unas cuatro décadas y en otras ocasiones, pero no faltan los actos de soberbia no solo de los españoles de España, sino de la caterva de españolistas que padecen nuestros países: gachupines de vocación o de estirpe.

He tenido mucho placer en tratar con españoles que comprenden y comparten estos planteamientos, pero también ha dado lugar a situaciones verdaderamente desagradables hacerlo con los muchísimos supremacistas, como ese cretino, de apellido Borrell, que ahora se encarga de la política exterior de la Unión Europea. Esperemos que no tenga el descaro de venir ahora que dicha institución es la invitada de honor en la FIL…

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jl/I