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Responsabilidad

En pleno esplendor de la pandemia, las teorías de la conspiración florecen cual jacarandas en primavera. Las personas buscan respuestas a un episodio al que todavía no le vemos fin. Ahí, en la desesperación, el miedo y la incertidumbre, los charlatanes hacen su agosto.

A diferencia de otras ocasiones, la lupa para detener esta infodemia no está puesta en los medios informativos, sino en las empresas de redes sociales. Muchas más personas en el mundo se informan mediante estos servicios, en donde convergen las voces de gobiernos, instituciones, conocidos y también charlatanes.

Por eso preocupa que todavía persista la indefinición del rol editorial y la responsabilidad que ello conlleva. De nuevo, se impone la pregunta: ¿debemos esperar de las plataformas tecnológicas lo mismo que de los medios?

Hagamos una comparación. A principios del mes pasado, se desató una controversia en el New York Times sobre la publicación de un artículo de un senador del Partido Republicano que pedía la intervención militar contra los manifestantes del movimiento Black Lives Matter. Ello provocó una álgida respuesta al interior y al exterior del propio diario, y culminó con la renuncia del editor de la página de opinión.

Un mes más tarde, Facebook decidió eliminar silenciosamente la verificación que desmentía los argumentos de un artículo publicado en un portal conservador contra la aceptación del cambio climático. Como parte de los esfuerzos de la red social contra la desinformación, el artículo había sido verificado por científicos de una organización aliada con Facebook. El resultado fue que cada vez que alguien quisiera compartir dicho artículo, se desplegaba una leyenda alertando al usuario de que la información era parcialmente falsa, al igual que una liga para a la verificación.

Sin embargo, repentinamente Facebook eliminó la alerta escudándose en el hecho de que se trata de una “opinión”, ello pese a que anteriormente había establecido que también las opiniones, en especial en temas tan importantes como el cambio climático, debían ser sujetas a verificación. Después trascendió que Facebook tomó la decisión tras recibir presión de un político republicano.

Cuál es la decisión correcta: ¿restringir las voces que atentan contra el consenso científico y los derechos humanos o, por el contrario, permitir la libre expresión sin consecuencias? Dos empresas, dos visiones distintas.

brenda.ramosv@gmail.com