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La prisión y su leyenda

Cierran Puente Grande. Es de esas noticias que retumban porque ese lugar ya pertenece al imaginario colectivo local y nacional. 

“Gobierno anuncia el cierre del penal de Puente Grande”, encabezó Milenio Jalisco la pieza firmada por el experimentado periodista Manuel Baeza. La madrugada del lunes tirios y troyanos no podían salir de su estupor ante semejante bombazo orquestado desde hace meses por el gobierno federal. 

La noticia recorrió el mundo en minutos y fue nota importante en portales como El País de España o en Forbes. 

La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana notificó a través del Diario Oficial de la Federación la clausura del Centro Federal de Readaptación Social 2 Occidente del Sistema Penitenciario Federal. 

Los que vivimos en Guadalajara sabemos que esa prisión era sólo una de las tres que se encuentran en la zona. Pero es… la prisión. 

El Cuaderno Mensual de Información Estadística Penitenciaria Nacional tenía registrados 376 reos hasta julio pasado. Con precisión: 336 con condena y 40 seguían en proceso. Desde hace varios meses se inició el proceso de despresurización de Puente Grande: en enero de 2020 la población de ese Cefereso era de 835 convictos. 

Para el gobierno federal el reclusorio tenía cabida para mil 40 presos. 

El hecho más relevante en Puente Grande y por lo que cobró trascendencia internacional fue la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán, ex líder del Cártel de Sinaloa. Su mirada burlona en el patio del lugar hacía pensar en lo que vendría después. 

La máxima seguridad con la que el gobierno federal presumía ese centro quedó expuesta con la fuga de Guzmán en enero de 2001, tras poco más de cinco años de estancia. 

El ex preso político David Vargas Araujo, quien pertenecía al PRD y estaba en una reunión con profesores de la CNTE en Oaxaca cuando fue detenido, recuerda para Reporte Índigo algunos de sus ex compañeros en Puente Grande: “José de Jesús Chango Méndez Vargas, considerado como uno de los cabecillas de la organización criminal de La Familia Michoacana; los hermanos Cabrera, narcotraficantes de Durango y de la sierra de Chihuahua; los Salazar, vinculados con el Cártel de Sinaloa, y Vicente Zambada Niebla, El Vicentillo, hoy preso en Estados Unidos”. 

Las autoridades federales trasladaron a 300 detenidos en julio pasado con el pretexto de que eran medidas contra la pandemia. Ciertamente hubo un brote de Covid-19 entre esos muros. Oficialmente hay registro de 151 casos confirmados en ese Cefereso. 

Otra razón de su cierre, jamás reconocida por las autoridades, era el descontrol que imperaba. Eran tremendas las narcofiestas que realizaban los reclusos “como mostraron imágenes difundidas en abril pasado en las que presuntos reos y guardias bebían alcohol y se bañaban en una piscina dentro del lugar”, recordó la agencia española EFE. 

La inestabilidad se debía al choque entre los liderazgos de grupos criminales. Cabe recordar que la noche del 3 de junio fue acribillado a balazos Marcos Alberto Corona, director técnico del penal. 

Expertos también acusan que la cárcel ya era obsoleta. 

Tras el anuncio del lunes, apenas ayer se daba cuenta –con total hermetismo– del traslado de decenas de reclusos. Su destino, sumido en la oscuridad, se desconoce con precisión. El periodista especializado en sistema judicial Luis Carlos Sainz, entrevistado para Notisistema, asume que los reos serán enviados a las cárceles de Ramos Arizpe, Coahuila, y Buenavista, Michoacán. 

Se presume entonces que en los próximos días terminará la era de Puente Grande e iniciará la leyenda negra de una prisión con muchas historias que serán reveladas de a poco. 

acs@ntrguadalajara.com

jl/I