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Temaca ya es símbolo

La Presa El Zapotillo es una obra que nació podrida. La versión oficial impuesta por gobiernos federales y estatales, desde 1995, año en que nació el proyecto, había sido muy simple y convincente, en apariencia: inundar pequeños poblados para salvar de una gran crisis a dos grandes zonas urbanas del país –León y Guadalajara–; es decir, sacrificar lo menos por lo más. 

Sin embargo, hace algunos meses la historia oficial dio un vuelco inesperado y los protagonistas de El Zapotillo dejaron de ser la CNA, la Conagua, los gobernadores, la empresa Abengoa, el trasvase a León y los millones de metros cúbicos de agua que nunca llegaron a ninguna parte; hoy los actores principales de la obra son los pobladores de Temacapulín, Palmarejo y Acasico, que empoderados celebran un triunfo que debería tener un gran valor simbólico, no sólo para ellos, sino también para el resto de los jaliscienses. Y, ojo, su victoria no es gracias a la sensibilidad social de ningún político; los acuerdos propuestos son resultado del valor, la dignidad y la perseverancia de las miles de familias afectadas por esta obra y que hoy reivindican sus derechos y nos dan, a todos, un ejemplo de organización y defensa. 

El domingo pasado y ante la presencia del presidente de México y del gobernador de Jalisco, las comunidades afectadas deliberaron y definieron “El Acuerdo de los Pueblos campesinos de Temacapulín, Acasico y Palmarejo”, que consiste en dos exigencias fundamentales: no inundar los pueblos y tierras de cultivo, aceptando la presa siempre y cuando sea reforzada para garantizar la seguridad de los pobladores; y, un plan que repare integralmente los daños materiales e inmateriales ocasionados por el megaproyecto y el conflicto social que éste ha causado. Ambos acuerdos fueron aceptados por el presidente de México. 

Hasta hace poco, eran los gobernantes, los expertos, los técnicos y los académicos los que llevaban la batuta, opinaban a favor y en contra de la presa y sus condiciones, sin embargo, en estos días la única voz que se escucha con claridad es la de los pobladores: mujeres y hombres que reclaman su derecho a persistir y a seguir construyendo su propia historia en el lugar que eligieron para vivir, y esto no es cosa menor en un país en el que las “causas ciudadanas” terminan, casi siempre, sucumbiendo ante los intereses de los poderosos. 

Si bien, a los afectados por El Zapotillo “les cayó como anillo al dedo” el apoyo de Andrés Manuel López Obrador –un presidente que siempre juega para la tribuna–, los acuerdos deben ponerse en práctica de inmediato, pues tanto AMLO como Alfaro han mostrado posiciones ambivalentes sobre el tema durante los últimos años; sin embargo, lo relevante hoy es el reconocimiento a una lucha genuina que va más allá de los estados de ánimo y la pérdida o ganancia electoral de los gobernantes en turno. 

Otro acontecimiento que debemos celebrar es la aparición del titular de la Comisión de Derechos Humanos Jalisco (CEDHJ). Las circunstancias lo obligaron a dejar de ser un fantasma y envalentonado afirmó que se deben considerar las recomendaciones expedidas y se deben reparar los daños materiales e inmateriales de las y los pobladores; esto, después de que López Obrador mencionara la idea de crear un plan integral para estos propósitos. 

Así, el encargado de la procuración de los derechos humanos en Jalisco por fin asumió su responsabilidad en el caso de los pueblos afectados y aceptó “que hubo violación al derecho humano de la legalidad, de la propiedad, a la posesión, al medio ambiente, al desarrollo, a la consulta y a la participación, entre otros muchos. Y estos Instrumentos han sido utilizados por las comunidades para procesos de resistencia, de litigio estratégico”. 

Así pues, hoy Temaca vive, ya es un símbolo de resistencia y la lucha deberá seguir para garantizar que los acuerdos con el Ejecutivo federal realmente se cumplan. 

juanluishgonzález@gmail.com

jl/I