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Estados Unidos, una elección complicada

Las peculiaridades que se han desarrollado en este año y que tienen implicaciones globales plantean escenarios importantes para su seguimiento, como lo será la inminente y polémica elección de los Estados Unidos y los ecos que va a generar en nuestro país. 

En el caso de la elección presidencial de los Estados Unidos, como pocas veces en la historia reciente, los ánimos están muy polarizados, principalmente por el inédito proselitismo que ha llevado a cabo el presidente y candidato por el Partido Republicano, Donald Trump. El día de su investidura presidencial, hace casi cuatro años, anunció que comenzaba su campaña para la elección de este año. En su momento, nadie tomó en serio el pronunciamiento que desde ese instante era presidencial, considerando que se trataba de una ocurrencia. De hecho, nadie sabía qué esperar de los cambios de humor y las declaraciones del presidente, variadas y constantes con las que sorprendió a los votantes norteamericanos desde su toma de posesión. 

La actividad proselitista se superponía a la de la gestión de la administración y poco a poco desestructuró líneas de trabajo forjadas en las décadas pasadas. Amenazó con abandonar la OTAN, amenazó y dejó el Pacto de París, se confrontó de manera directa con China, en la dimensión de los liderazgos internacionales de mercados renunciando a varios organismos internacionales de comercio y desestabilizando, en diferentes momentos, los flujos internacionales de comercio al relanzar proyectos de un proteccionismo recalcitrante en los Estados Unidos. 

Las encuestas, que le favorecieron a lo largo de su mandato, muestran un giro considerable de los votantes norteamericanos. El errático manejo de la contingencia sanitaria en los Estados Unidos, las cifras de muertos que ha dejado la pandemia contrastan con una actitud despreocupada y hasta retadora del presidente. Las tendencias de intención de voto se inclinaron, luego del primer debate, hacia una postura menos beligerante y de mayor estructura como la que representa el candidato demócrata Joe Biden. Las diferencias entre las encuestas de intención oscilan entre 10 y hasta 14 por ciento de diferencia en favor de Biden. 

Durante el debate, que parece que podría ser el único, la controversia la puso en la mesa el presidente norteamericano señalando desde su candidatura, pero, al mismo tiempo, desde la Presidencia, el hecho de considerar que podría haber un fraude en el proceso electoral. Los mecanismos establecidos para resolver una elección con aislamiento social definen estrategias que se han puesto en funcionamiento en otros procesos electorales, pero no de la forma masiva en que ahora, excepcionalmente, se desarrollará el largo proceso electoral norteamericano. De hecho, ya hay votaciones en diferentes partes de ese país que se contabilizarán el martes 3 de noviembre. 

En la controversia del debate, el candidato republicano dejó claro que hará intervenir a la Corte para la determinación de quién será el ganador. Malas señales que dejan entrever un posible desenlace conflictivo al término de las elecciones. 

Las relaciones que se han tejido en la presente administración mexicana con el vecino país se han inclinado, de manera sorprendente, hacia el presidente Trump. El seguimiento sin cortapisas de todas las órdenes que mandó el presidente norteamericano se cumplió sin dificultad alguna. La firma del TMEC siempre se consideró la condición para establecer, antes de la pandemia, la línea de desarrollo de la economía mexicana. Como pocas veces, el impacto directo de los resultados electorales norteamericanos tendrá implicaciones muy directas con el funcionamiento político y económico de nuestro país, en el que por cierto en la controversia por la Presidencia de Morena no hay resultados definitivos y ahí, en ese partido, los ánimos están exacerbados y divididos. Habrá que centrar la atención en lo suceda en Estados Unidos y en Morena, ahí se ilustrará el escenario 2021. 

armando.zacarias@csh.udg.mx

jl/I