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Duelos

Hasta el 5 de julio de 2020, el Covid-19 había provocado a nivel nacional 233 mil 622 muertes y a nivel estatal, 12 mil 603. Si a estos decesos les sumamos los miles más a causa de homicidios, suicidios y desapariciones, tiene sentido hacer una reflexión acerca del impacto negativo producido por la muerte no sólo entre familiares, sino también entre amistades y conocidos. 

Me permito afirmar que la gran mayoría de personas con pérdida de un ser querido enfrentan una inadecuada comprensión y falta de apoyo durante el proceso del duelo, lo que puede producir en muchos casos daños iguales o mayores que el propio evento trágico, llamándosele trauma acumulativo a este fenómeno.  

Aunado a lo anterior, se da una desautorización en muchos duelos debido a que existen incontables dolientes que no son socialmente reconocidos (niños, madres con abortos espontáneos, amantes, ancianos, personas con discapacidad, etc.) y su dolor no puede ser manifestado. Es así que la ausencia de contactos proveedores de apoyo en el momento, y posteriormente, aporta otra pérdida secundaria o trauma acumulativo.  

A la par, hay que resaltar la existencia de duelos no solo por muertes, sino también por pérdidas significativas como: pérdida del empleo, desarrollo de una discapacidad, abuso sexual, una infidelidad, etc., las cuales son referentes de presencia de duelo en sus múltiples modalidades. 

A lo referido habría que añadir que los psicólogos podemos vernos influenciados por la visión promovida de que el duelo es un proceso natural y normal que no hay que psicologizar ni patologizar, ya que es ineludible en los seres humanos, pero también podemos encontrarnos ante la situación de personas que viven duelos de manera trágica generando un duelo complicado. En el mejor de los casos, acuden a consulta con una clara patología debida al vigente duelo no resuelto, como aquella persona que tras la muerte de un ser querido se ve impedida a rehacer su vida, con problemas relacionales, emocionales y/o fisiológicos. 

Ante esto, los psicólogos debemos prepararnos y actualizarnos continuamente para brindar atención de calidad y calidez al doliente. Es indispensable profesionalizar la práctica de la tanatología y erradicar la participación de personas no profesionales que con “diplomados” cuestionables piensan que están preparados y en condiciones de trabajar terapéuticamente, y que en muchas ocasiones han perjudicado a los dolientes en momentos de vulnerabilidad. 

Pero también es una obligación no cumplida y que debe atender el Estado mexicano. Estos servicios tienen que brindarse con calidad a los ciudadanos en instituciones públicas de salud. 

erikabn74@gmail.com 

JB