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¿Exterminar a las abejas o aprender a conservarlas?

Desde 2017 y hasta la fecha proliferan notas en las que se informa que la abeja habría sido declarada como la especie más importante del mundo por el servicio de polinización que presta, y aunque muchas fueron publicadas en blogs con información ambigua y fuentes sin identificar, digamos que hubo una gran vorágine sobre un tema que suele no llamar la atención, como es el equilibrio ecológico y la cadena alimenticia.

El problema radica en que, a pesar de tener ya conocimiento e interés en las funciones biológicas de este himenóptero, la población en general se paraliza cuando descubre un panal en las cercanías de su casa o trabajo y su primera reacción es exterminarlo aunque no haya un verdadero riesgo para la gente.

Nada más en Zapopan, se aniquila a alrededor de 3 mil 600 panales cada año, 10 al día, por reportes ciudadanos a la base de Bomberos pidiendo el favor de eliminar la amenaza. Sí, las abejas pueden ser peligrosas y resguardar a la población es prioridad para esa dependencia, pero ¿todos los llamados ameritan esa medida drástica? Para el bombero y biólogo de profesión Néstor Rodríguez Magallanes, no.

De hecho, el también entomólogo (estudioso de los insectos) dedicó su tesis de maestría a detallar la forma en que actúa Protección Civil y Bomberos de Zapopan ante estos reportes y documentó que en 76 por ciento de los casos se exterminan los panales, pero no porque siempre fuera necesario, sino por exigencia de las personas que hicieron el llamado y consideran peligrosa la colmena.

El resultado de esto ha sido que, de 2009 a 2017, los bomberos destruyeron 29 mil panales con alrededor de 2 billones de abejas sólo en Zapopan, un territorio prolífico para el polinizador gracias a su gran extensión de bosques donde le resulta conveniente completar su ciclo de vida. Lo mejor de todo es que la tesis incluye el desarrollo de un protocolo de Protección Civil para evaluar cada caso y abre la posibilidad de reubicar panales cuando sí sean una amenaza, pero todavía no se aprueba en el Municipio.

Ese descenso drástico de poblaciones del polinizador solamente es en la parte urbana, falta incluir la mortandad que se tiene en zonas rurales con vocación agrícola donde se riegan agroquímicos persistentes como son los neonicotinoides, un pesticida prohibido en países de Europa por su potencial para eliminar abejas, altamente distribuido en México.

Pero si algo sabemos de la caída de estos insectos aquí es porque ha golpeado en los bolsillos de apicultores, pues son quienes han detectado la mortandad de hasta 50 por ciento de los ejemplares de sus apiarios por el uso de pesticidas en cultivos cercanos, lo que ha derivado en descensos en la producción de miel.

De hecho, estados que eran punteros en producción a nivel nacional como Veracruz, Yucatán y Chiapas han bajado peldaños y Jalisco ha aprovechado para ocupar el primer lugar, pero no porque en verdad hayan crecido los números de miel, sino porque en lo nacional ha bajado el volumen por esta mortandad.

Lo peor de todo es que en México las abejas no están protegidas en ninguna normatividad, ni siquiera en la NOM-059-Semarnat que enlista las especies en riesgo, de ahí que pueda venir Protección Civil a exterminar panales sin ser peligrosos o agricultores a verter pesticidas en su área de distribución silvestre sin que haya restricciones ni consecuencias.

Al ciudadano lo que le toca es informarse y actuar con sobriedad. Si el panal de abejas está en una zona de alta afluencia, cerca de niños o adultos mayores, sí es un riesgo; si está en un árbol, en un jardín o parque, o en algún otro lugar fuera del alcance de la gente no tiene por qué ser un problema. Solo quieren polen y regresar a su colonia en paz, casi igual que nosotros.

vmc@ntrguadalajara.com

da/i